Al salir de su casa, Maya sintió una brisa fresca en su rostro y cerró los ojos para disfrutar del momento. Se dio cuenta de que, a pesar de todas las dificultades que había enfrentado en su vida, estaba agradecida por cada una de ellas, ya que habían moldeado a la persona que era en ese momento. Mientras caminaba por la calle, Maya vio a un grupo de personas que parecían estar en problemas. Se acercó para ofrecer su ayuda y descubrió que estaban tratando de encontrar a un niño perdido. Maya se unió a la búsqueda y, después de un rato, lograron encontrar al niño sano y salvo. La madre del niño estaba agradecida y emocionada al encontrar a su hijo, y Maya se sintió feliz de haber sido parte de la solución. Esta experiencia le recordó que siempre hay algo que podemos hacer para ayudar a lo

