Encontrando Las Pistas El despacho de Dante estaba en penumbras, apenas iluminado por la luz que se filtraba entre las persianas; la luz de la lámpara recortaba sobre la mesa un desorden de papeles, carpetas y notas con nombres y números. Había pasado las últimas horas trazando rutas, preguntando a su gente del banco, revisando teléfonos y listas de acceso. Todo para una sola cosa: blindar a Serena y dejar sin efecto cualquier intento de extorsión. Sobre el escritorio se acumulaban informes y un par de copas de cristal sin tocar. El silencio se rompió con tres toques secos en la puerta. - Adelante. - dijo Dante, sin levantar la vista de los documentos. La puerta se abrió y entraron Alessio, Mateo, Elijah y Kaela, avanzando con una seriedad poco común en ellos. Dante los miró, arqueando

