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1680 Words
Control y Deseo Dante caminaba lentamente por el jardín de la villa, dejando que la brisa de la tarde rozara su rostro, tratando de liberar la tensión acumulada de la jornada de trabajo. La villa estaba en silencio, Serena y los demás no habían regresado al ala principal. Su mirada se desvió hacia el ala sur, donde vio luz filtrarse por las ventanas de la sala de clases. Se detuvo un momento, apoyando la mano en el marco de la puerta y observó sin ser visto. Serena estaba allí, en un asiento junto a los pupilos, escuchando a un profesor que les explicaba un ejercicio de administración con paciencia y detalle. Cada gesto, cada mirada de los jóvenes dirigida hacia ella, parecía llenarlos de entusiasmo. Dante no pudo evitar sonreír ligeramente ante la atención y respeto que inspiraba, pero al mismo tiempo sintió un leve pinchazo en el pecho: algo viejo, consciente de los años que lo separaban de su esposa. Pronto cumpliría treinta y ella apenas dieciocho. Se apartó un poco, buscando ocultarse detrás de un arbusto y respiró hondo. Aunque Serena era muy madura para su edad al haber asumido responsabilidades desde muy joven en las fundaciones Winters al igual que él; en ese momento, la veía más cerca de los pupilos que de él, más confiada con ellos que con su propio esposo. Esa distancia, esa reserva, le provocó ansiedad; la incertidumbre de no saber cuándo Serena estaría lista para corresponderle con la cercanía que él anhelaba desde que le había propuesto ser su esposa. Era consciente que Damian le había hecho daño y él quería respetar su ritmo, pero era cada vez más difícil con ella cerca y Serena era aún inexperta e insegura de su propia sensualidad y el efecto que producía en él. Aun así, la calma que irradiaba la joven lo reconfortaba. Aunque no lo trataba con palabras cariñosas -todavía- lo cuidaba y lo atendía. Él, por su parte, había aprendido a contener su deseo de marcar territorio y cercanía. En voz baja, como si hablara para sí mismo, murmuró: - Esposa… mia dolce… piccola… - eran las palabras que le decía en vez de “amore mio.” Su tono estaba cargado de afecto y anhelo, pero sin imposición. No la presionaría; esperaría el tiempo que necesitara, respetando su ritmo, su espacio y sus límites. La observó un momento más, permitiéndose sentir la mezcla de ansiedad y ternura que ella le provocaba, consciente de que cada día que pasaba juntos era una oportunidad para construir confianza y complicidad. Finalmente, Dante se retiró con cuidado, dejando que la clase continuara sin interrupciones, prometiéndose a sí mismo ser paciente, porque sabía que toda la espera valía la espera. Dudas Serena llegó apresurada a la terraza, con el cabello todavía un poco despeinado por la prisa y la emoción de la clase de administración con los pupilos. Al salir, la luz del atardecer iluminaba a Dante, que estaba sentado en una banca de piedra, perdido en sus pensamientos. Sus hombros ligeramente encorvados, la mirada distante… todo delataba la inquietud que a menudo ocultaba tras su habitual compostura. La diferencia de edad, el peso de la responsabilidad que inconscientemente le había dado como si ya fuera una esposa de más edad, como recordaba a su propia madre guiando la casa y la familia… Todo eso se mezclaba en su mente, provocando un silencio profundo y un ceño fruncido que Serena había aprendido a leer. - Lo siento… - murmuró ella al acercarse, con una sonrisa tímida - Estuve en la clase de administración con los pupilos… Dante levantó la mirada y, al verla, sus labios se curvaron en una sonrisa tenue, aunque cargada de afecto y complicidad. - ¿Te gustaría estudiar algo, en vez de encargarte de la casa? - preguntó con suavidad, consciente de que cada palabra podía implicar más de lo que decía. Serena lo observó, confundida por el cambio de tema, pero respondió con honestidad: - No… Soy feliz cocinando y cuidando de ti, de Rafaele y de los demás… Pero sí me gustaría hacer algo por mi cuenta… ganar mi propio dinero. Dante se incorporó lentamente, tomando su mano con delicadeza, como si temiera romper la frágil conexión de confianza entre ellos. Su mirada brillaba con entusiasmo contenido. - ¿Te gustaría tener un restaurante… como lo tuvieron tus padres? - preguntó, con una mezcla de curiosidad y algo de provocación. Serena parpadeó, sorprendida. Era un proyecto enorme, costoso y su falta de estudios formales la hacía dudar de sus capacidades. - No sé cómo lo haría… - susurró, con honestidad y un toque de inseguridad. Dante se levantó por completo y se acercó a ella. La tomó con suavidad por la cabeza y depositó un beso tierno en su frente, transmitiendo protección y confianza al mismo tiempo. - Piénsalo… - dijo, con la firmeza de quien sabe que puede respaldar lo que promete - Puedo ser tu inversor. Te dije que soy bueno detectando talentos. Y yo creo que lo harás muy bien. Serena lo miró, conmovida, sintiendo cómo el peso de la duda se disipaba al contacto de su esposo y la certeza de que tenía su apoyo incondicional. Su corazón latía con fuerza, uniendo emoción y gratitud mientras se aferraba a la idea de que juntos podían construir algo más allá de la villa y de su vida cotidiana. Un Espacio Para Ambos Por la noche, Serena entró a la habitación de Dante con un delicado camisón cubierto por una bata ligera. El perfume de su piel húmeda después del baño flotaba en el aire y su cabello todavía conservaba gotas que caían lentamente por sus hombros. Dante la vio entrar desde la cama, frunciendo el ceño, esa mezcla de concentración y deseo que cada día le costaba más ocultar. Se había cambiado en la habitación de invitados, pero él ya lo sabía: cada pequeño gesto de ella lo atrapaba, lo hacía más consciente de lo que quería para ambos. Serena se acomodó a su lado, con la tablet en mano, revisando notas y documentos sin levantar la vista. Dante bajó el libro que sostenía y respiró hondo antes de hablar. - Quiero acondicionar la habitación grande del final del corredor como la nuestra. - dijo, con voz firme, pero suave - Con vestidores para nuestras cosas y estudios para ambos. Un baño amplio para los dos… y una tina grande. Mientras hablaba, la mente de Dante se llenó de imágenes que no había querido traer a la realidad todavía: verla en esa tina, su cabello suelto, gotas de agua sobre la piel, sus manos recorriéndola, escuchándola gemir… Las imágenes eran tan intensas que tuvo que levantarse rápidamente, ocultando la erección que amenazaba con delatar su deseo. - Cada día se me hace más difícil. - murmuró para sí mismo, incapaz de quitarle la mirada, aunque intentara concentrarse en otra cosa mientras caminaba hacia el baño. - ¿Necesitas algo? – le preguntó. - No. Olvidé algo. Acuéstate. Serena levantó la vista y lo observó, un leve rubor coloreando sus mejillas. No necesitaba palabras para entender que algo más profundo que la mera planificación de la habitación estaba pasando; la intensidad en los ojos de Dante lo decía todo. Después de unos minutos, Serena se levantó de la cama, envuelta en su camisón y la bata que apenas rozaba su piel y caminó hacia la puerta del baño donde el agua corría con fuerza. Desde que dormían juntos, la rutina nocturna de Dante era casi un ritual: él buscaba calmar la mente antes de dormir leyendo o haciendo ejercicio, pero aquella noche, sin embargo, algo parecía más intenso. Serena se detuvo en el umbral, observando cómo la silueta de su esposo se reflejaba detrás del vapor a través del cristal de la ducha. Estaba parcialmente de lado, pero aún podía ver como sujetaba fuertemente su m*****o usando su mano para masturbarse. No había tenido la intención de verlo, solo una curiosidad silenciosa, una necesidad de acercarse un poco más. Los músculos tensos por el movimiento, las piernas firmes y esbeltas, el cuerpo tonificado por el ejercicio. Había visto a Damian desnudo la vez que fue a su habitación y tuvieron relaciones, pero el cuerpo de Dante era más fuerte, más ancho. Un hombre en su madurez en vez del cuerpo adolescente de Damian. - Dante… - llamó, con una sonrisa tímida. El hombre en la ducha se tensó y se giró ligeramente hacia la pared dándole la espalda con la mano izquierda apoyada en la pared. Estaba perdido en lograr c******e y no la había oído llegar. La tensión en su espalda se relajó un poco, aunque sus pensamientos estaban revueltos. - Regresa a la cama, piccola… - respondió con suavidad, dejando que su voz transmitiera seguridad más que reproche – Iré pronto. Serena permaneció allí un instante, admirando la fuerza tranquila que emanaba de él. Su postura firme, los hombros anchos, la manera en que incluso la luz y el vapor del baño destacaban su presencia… Todo aquello despertaba en ella un sentimiento nuevo: confianza, excitación. No había experiencia, no había secretos, solo el deseo de entenderlo, de acercarse sin miedo. - Confío en ti. - murmuró finalmente, dando un paso atrás – Y lo siento. Dante contuvo la respiración sin volverse ante su tono. Se inclinó un poco hacia la puerta, como intentando acercarse sin invadirla y susurró: - Lo sé, mia dolce. Gracias por confiar en mí. Serena regresó a la cama con la sensación de que ambos, aunque diferentes en edad y experiencia, estaban construyendo algo propio: un vínculo de respeto, cuidado y deseo contenido. Pero también sintió culpa. Dante le estaba dando el espacio y tiempo que quería, pero tenía deseos y necesidades ¿Qué pasaría si seguía dudando? ¿Dante la engañaría como Damian? Esa noche, se quedó acurrucada entre las sábanas, pensando en la fuerza y la calma de Dante dormido a su lado, sintiendo que su confianza no solo lo protegía a él, sino que también la liberaba a ella.
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