CAPÍTULO DIECINUEVE Con todo el conocimiento de Leonardo dando ahora vueltas en su mente, Oliver empezó a hacer rápidos progresos con el Elixir. Todavía no acababa de comprender cómo todo encajaba, que su padre poseyera parte de la fórmula y el MISMÍSIMO Leonardo da Vinci el resto, ni cómo entraban en juego los poderes celestiales que ahora lo recorrían. Pero estaba seguro de que con el tiempo se contestarían estas preguntas. Él era un sirviente del universo; no le correspondía desafiar el orden de las cosas. Con el tiempo ahora congelado, Oliver también se sentía más capaz que nunca para este trabajo. De algún modo, deseaba que las cosas pudieran quedarse así. Entonces no tendría que enfrentarse a la posibilidad de perder a Ester, ni a los cambios sin precedentes que traería el salvar s

