Gracias al cielo, no se toparon con un solo ciempiés en su camino al cuerpo de agua subterráneo, no soportaría de nuevo la sensación del insecto caminando por su piel. El eco de sus pasos resonaba a lo largo de la cueva, no supo decir que provocaba más ruido, si la respiración acelerada de Tomás o el roce de la suela de sus zapatos con el duro suelo. La temperatura era baja en el interior, fresca si ansiabas escapar de un ataque de sombras, pero fría si meterse al lago era el objetivo. Cinthia no recordaba que fuera tan gélida, incluso frotó sus brazos para entrar en calor. Sintió pena por su acompañante, esperaba que no se entumiera o peor, que le diera hipotermia. Le echó un vistazo a Tomás, temblaba bastante, no supo si de frío o miedo o ambos, al menos su mirada era segura. La fortal

