Elisa se paseaba por el pequeño salón de su casa mientras avivaba el fuego. Afuera hacia una ventisca espantosa y estaba preocupada por él, se abrazó al chal de lana y restregó sus manos para espantar el frío. Esperó por un buen rato en el diván de terciopelo marrón mirando el crepitar del fuego, y luego cuando se hizo más tarde sin que diera señales se fue directo a su cama apagando con tristeza cada vela. Dejó la puerta abierta con la esperanza de escucharlo pasar por el pasillo así sabría que estaba bien, encendió una vela en su cómoda mesa de noche y se metió bajo una colcha fría, no estaba acostada del todo y miraba hacia la puerta pidiendo en un ruego mental que él llegara. Era cierto que había llegado muchas noches tarde, pero siempre llegaba incluso a esas alturas conocía su horar

