Las horas de la tarde llegaban a su fin. Ajax recibió una llamada urgente, la cuál le avisaba que tendría una cena en la noche. Una reunión con algunos compradores, por lo que Lander y Urian estarían solos.
-Nos debes la cena- le dijo el peliplata.
-Lo sé. Tendremos otra oportunidad- les djio Ajax- Vayan a casa con cuidado.
-Tú también regresa con cuidado- le dijo Lander a su amigo.
Los chicos asintieron y salieron del lugar. Fueron al estacionamiento.
El trayecto a su hogar fue silencioso. Ren manejaba ensimismado en sus pensamientos, concentrado en la pista, mientras Zuke miraba por la ventana.
-¿Qué vas a querer comer?- preguntó Urian, sin sacar la vista del camino.
-¿Me cocinarás?- le dijo Lander, mirándolo de reojo.
Urian tomó una curva- Cocinaré, porque no quiero que me dé diarrea. Tus comidas tienen demasiados condimentos. Un día de estos vas a terminar con cálculos en todos los órganos.
-Exagerado- dijo el castaño.
-Después de la cena, tengo que salir- le dijo Urian.
Lander le dio la última mirada y regresó sus ojos a la ventana. No preguntó más, ya que era común que ciertos días de la semana, Urian saliera de casa, sin decirle a nadie donde iba. Sólo una vez se atrevieron a preguntar, por lo que la respuesta del peliplata simplemente fue ''tengo asuntos familiares que atender'', y nunca más tocaron el tema.
Mientras en la reunión, Ajax se encontraba dando las últimas explicaciones de las propuestas, de los nuevos productos. Finalmente la cena terminó, con los inversionistas satisfechos.
Ajax se dirigió al baño del restaurante. No se sentía bien, se metió a uno de lo cubículos a orinar. Al salir, fue a lavarse las manos.
-¿Estaré agripado?- se miró al espejo, tenía el rostro rojo. Se tocó la frente.
Se mojó la cara, resfrescándose. Respiró hondo y salió del tocador. Caminó hasta el estacionamiento, el viento fríó, golpeó su rostro.
Al encontrar su auto, se subió. Notó entonces, que su vista estaba algo borrosa.
-Debo estar demasiado afiebrado.
Puso el auto en marcha.
El vehículo recorrió algunas calles, antes de chocar.
Urian había salido de casa, por lo que Lander se quedó solo. Pensando en que Ajax llegaría más tarde, tomó un baño y se acostó.
A la mañana siguiente, sintió la calidez del sol en su rostro. Al moverse, un fuerte dolor se apoderó de su cuerpo y cabeza. Abrió los ojos viendo el lugar, no lo reconoció.
-¿Qué? ¡Auch!.
-No te muevas.
Una voz masculina, hizo que Ajax girara la cabeza para ver quién era. Un atractivo joven lo estaba mirando, tenía un cuerpo marcado y una altura envidiable. Su mirada era algo intimidante.
-Ayer tuviste un accidente- dijo, acercándose a la cama.
-¿Quién eres?-preguntó Ajax. La mirada de aquel desconocido, lo incomodó ligeramente. Se sentó, con algo de dificultad.
-Soy quién te rescató de tú auto. Se lo ha llevado la concesionaria. Mí nombre es.
En eso un timbre sonó, el desconocido se acercó al citófono. Lo levantó.
-Sí, traiga el desayuno para dos. Gracias- dijo, y cortó.
-¿Me has traído a un hotel?- preguntó Ajax.
El desconocido se giró, viéndolo.
-Algo parecido. Es un motel. Iba de pasada, y vi tú auto enterrado en un árbol, supuse que al ser un rostro conocido, no querrías ir a un hospital y que todos te vieran. Además, aunque expliques la situación de tu choque, ellos no escucharán. Simplemente sentirán el leve aroma a alcohol e inventarán una historia. Lo malo vende más. Sabes cómo es éste mundo.
-¿Cómo me conoces?- preguntó inquieto el pelinegro.
-Eres rostro de las revistas. Jóvenes emprendedores, con un futuro brillante. No creo que quieras ver eso manchado por "un muchacho alcohólico".
-Sólo bebí una copa, estaba en una reunión- dijo el pelinegro, algo molesto- Tenía algo de fiebre, por eso me desmayé.
El joven se acercó a la cama y se sentó al lado de Ajax, éste lo quedó mirando. El desconocido levantó una de sus manos y tocó la frente ajena.
-La fiebre bajó. Tal vez sólo fue estrés- le dijo, con una sonrisa- Deberías descansar un poco más.
Las mejillas de Ajax se tiñeron de un leve tono carmín. Corrió la vista, mirando a un costado.
-¿Por qué me rescataste?. A pesar de conocerme por revistas, no era necesario. ¿O acaso buscas retribución monetaria?.
El joven sonrió- Se nota que no sabes quién soy, el dinero me sobra- se acercó un poco- Lo que me llevó a ayudarte, fue mí corazón.
En eso tocaron la puerta. El desconcocido se levantó y se acercó para abrir.
-Buenos días, el especial pareja- dijo una joven, extendiendo una bandeja. Miró al interior de la habitación. Sonrió al ver a tan atractivo chico acostado.
-Gracias- sonrió. Tomó la bandeja y luego cerró.
-¿Desayuno de pareja?- preguntó Ajax, algo contrariado. Se acomodó en la cama.
-Te traje en mis brazos. Le dije a la recepcionista que habías bebido algunas copas de más, y pues, que eras mí novio- se acercó a la cama, dejando la bandeja.
El rostro del pelinegro, enrojeció hasta el cuello.
-¿De dónde sacaste semejante idea? ¿No se te ocurrió nada mejor?- le dijo Ajax- Por sí no lo has notado, somos hombres- tomó una taza y bebió café.
El desconocido acercó una silla y se sentó a su lado. Sonrió al verlo molesto.
-Por sí no lo has notado, estamos en el siglo veintiuno- dijo, dando un mordisco a un sándwich- Puedes darte un baño, te iré a dejar a tú casa.
-No es necesario- le dijo Ajax.
El joven sonrió- ¿Te irás solo?. Recueda que no tienes auto.
-No importa, tomaré el metro.
-¿Desarreglado y con las ropas manchadas?. Buena cara, para el rostro de una revista.
Ajax se quedó callado.
-Bien- aceptó- Cómo quieras- siguió bebiendo de su café, bajo la atenta mirada de aquel extraño.
Luego del desayuno, Ajax fue darse un baño. Al entrar lo primero que hizo fue verse al espejo. Tenía un corte en la ceja y un golpe en el labio. Era más que obvio, que no podía pasearse así por la calle. Se sacó las ropas y se metió al agua.
Minutos más tarde, ambos jóvenes salían de la habitación y se dirigían a la salida. Las trabajadoras se pusieron a reír, apenas vieron pasar a tan bellos varones.
-Muchas gracias- dijo el desconocido, con una sonrisa.
-Un placer- le dijo la encargada- Vuelvan cuando quieran.
Fueron al estacionamiento y subieron al vehículo del desconocido.
Ajax se acomodó.
-¿Qué ocurre con el cinturón?- dijo el pelinegro, tirando de éste.
-Espera- el joven se acercó y tomó el cinturón, lo jaló suavemente. Miró a Ajax, viendo sus labios- Tienes que ser más suave- le dijo, con una pequeña sonrisa.
Yokosawa miró hacia otro lado, nuevamente sus mejillas se sonrojaron. No entendía porque carajos se sentía tan ansioso.
El desconocido se enderezó y puso el auto en marcha.
-Dame tú dirección.
A regañadientes, Ajax se la dio.
Finalmente el vehículo se puso en marcha. Yokosawa iba en completo silencio, mirando de reojos a su extraño salvador. Tenía un Audi moderno, por lo que estaba claro que tenía un buen trabajo. Pero bajo esa mirada, había una sombra de misterio.
Cuarenta minutos más tarde, el auto se estacionaba frente a una enorme casa. Antes de bajarse, Ajax miró al joven.
-Quiero saber tú nombre- le dijo el pelinegro.
-Greg- repondió el desconocido.
-Bien Greg, puedes enviarme la cuenta del motel y los gastos. Te depositaré el pago. No quiero deberle favores a un extraño.
Greg se acercó al copiloto y pasó frente a él, le soltó el cinturón de seguridad.
-¿Pagarme?- preguntó con cierta coquetería- Ya sé cómo puedes quedar saldado conmigo.
-¿Cómo?- dijo, tratando de controlar la extraña incomodidad que comenzó a sentir.
Sin decir nada, Greg se acercó más y posó suavemente sus labios, sobre los del contrario. Las mejillas del pelinegro estaban completamente rojas. Quedó tan descolocado, que no atinó a nada, Greg se alejó con una sonrisa.
-Ya has pagado.
Ajax espabiló.
-¡Qué rayos te pasa!- le gritó, empujándolo- ¡¿Estás loco?!- abrió la puerta, y salió disparado del auto.
Greg le cerró un ojo y puso el auto en marcha, perdiéndose en las calles.
Atontado por lo recién ocurrido, Ajax abrió el portón y entró. En el patio de la casa, se encontró con Lander y Urian, ambos estaban al teléfono con rostros preocupados.
-¡Qué no! ¡Le digo que desde anoche desapareció!- gritó Lander- ¡Él siempre llega a casa!.
-Escuche, necesito saber quién llamó para que recogieran el auto- decía tranquilamente Urian- Necesito saber dónde lo encontraron.
-¿Chicos?- la voz del pelinegro, atrajo la atención de ambos.
-¡Ajax!- gritaron, aventándose sobre su amigo.
-¡¿Dónde putas estabas?!- lo increpó Lander- Calypso está en la empresa con los inversionistas. Estaba realmente preoupada por ti, casi nos matas.
-Nos llamaron de la concesionaria por el asunto de tú auto- le dijo Urian- ¿Qué fue lo que te pasó?. Dijeron que fue un impacto grande, ¿tuviste un accidente?.
-¡Tenemos que ir al hospital!- gritó Lander- ¡Mírate esas heridas!.
Ajax suspiró- Estoy bien.
-Pero.
-Tranquilos. Les explicaré adentro.
-Te haré algo de comer- le dijo Urian.
-No, yo ya comí- dijo Ajax, algo sonrojado. No podía evitar acordarse del beso.
-¿Dónde carajos te metiste?- le preguntó Lander.
Sentados en el living, el pelinegro les relató lo ocurrido desde la reunión, el malestar físico, y su extraño rescatista en el motel. Les dijo cada detalle, obviando el beso de pago y despedida.
-Bueno, digamos que es un ángel- dijo Lander- De no haber sido así, estarías en las noticias por el accidente.
-Sí, lo sé- le dijo Ajax, sintiendo una leve cosquilla en sus labios. Se maldijo mentalmente- Fue todo muy extraño.
-¿Cuál dijiste que era su nombre?- preguntó Urian.
-Greg. No me dijo su apellido.
-No será fácil encontrarlo- el peliplata se levantó del sillón- Creo que deberíamos ir a la empresa. Le dije a Calypso que estaríamos en una hora.
Ajax asintió, fue a su habitación para cambiarse de ropa. Se miró al espejo, debía inventar alguna historia para justificar esos golpes.
-Greg- ese nombre retumbaba en su cabeza.
Ajax siempre había estado con chicas, pero nunca estuvo pleno, sentía que algo le faltaba. Sin embargo desde que sintió el beso de aquel desconocido, unos sentimientos enterrados amenazaron con salir. No sabía que era exactamente, pero se sentía confundido.
Trató de calmarse y ocultó lo mejor que pudo las heridas, con un corrector de espinillas. Al menos era parecido a una base. Alguna mentira se le debía ocurrir, era obvio que el color y la hinchazón llamarían la atención de todos. Su rostro era demasiado lindo, cómo para ser ignorado.
Abajo sus dos amigos lo esperaban. Estaban sentados en unos sillones, frente a frente.
-¿Qué opinas?- le preguntó Lander- Ajax se veía algo consternado. Bueno, es entendible después de un accidente.
-Estoy seguro que algo nos oculta- dijo Urian- No nos dijo toda la verdad. Su mirada lo delató.
-Sabes leer muy bien a la gente- le dijo el castaño- Eres un chico inteligente.
-También se leerte a ti-le dijo Urian- Tienes muchas capas, y cada una de ellas oculta el mismo secreto tuyo. Por eso tienes esa personalidad tan explosiva.
El castaño se sorprendió, no se imaginó que su amigo pudiese perfilarlo tan bien.
-Creo que me será difícil engañarte- le dijo Lander- Aunque debo admitir, que eres al único que jamás le he mentido- sonrió- Incluso a Ajax le he mentido.
Urian quedó algo sorprendido con la confesión de su amigo. Siempre creyó que su palabra no importaba a Lander, pero se había equivocado.
-Sólo esperemos a que él nos diga- le dijo el peliplata- No lo agobiemos con preguntas. Debió ser un gran colpaso verse rescatado por un extraño, por un accidente que poco recuerda. Tal vez cuando esté más tranquilo, nos hable todo.
-Bien, te haré caso- le dijo Lander- De todas maneras siempre termino por hacer lo que me dices.
Urian lo quedó mirando, a pesar de ser sólo un año mayor, Lander se comportaba más inmaduro que su amigo.
Ajax bajó las escaleras. Estaba con su traje y las heridas levemente ocultas.
-Bien, es hora de irnos.