-Beller Rever- murmuró Adams un lugar que no habia esperado volver a pisar. Al final del estrecho y serpenteante camino, estaba la casa solariega. Y en ella Gus. El viejo estaba dormido cuando Adams habia llegado la noche anterior; un retraso agradecido de lo inevitable, tal y como habian comentado los hermanos durante la noche. Cuando los primeros rayos del sol aparecieron en el horizonte, Adams tomó prestado uno de los pura sangre árabes de Andrea y salió a ver con sus propios ojos lo que habia deducido por los comentarios de los vecinos. Aunque habia visto a su hermana esa semana en la hostería, ella no le habia avisado de lo que encontraría en Beller Rever. Nada podría haberlo sorprendió más que él anunciado estado de los estados de la plantación. Un estado que apenas podía creer,

