Capítulo 16

2117 Words
Mariana se echo a reír y se volvió hacia David, pero entonces se olvido de todo. Ninguno de los dos se habia dado cuenta de que se habían acercado tanto el uno al otro. Seguían con las manos entrelazadas, y el sol que entraba por la ventana iba perdiendo fuerza conforme a la tarde daba paso a la noche. La cabaña, igual que el bosque que la rodeaba, estaba inmersa en un silencio absoluto. David alzo una mano, y acaricio su rostro. Ni siquiera se habia dado cuenta de que esa habia sido su intensión , pero cuando sus dedos rozaron aquella tersa mejilla, supo que habia necesitado hacerlo. Mariana no se alejo de él. David quería creer que habría acatado su decision si ella hubiera decidido apartarse, pero Mariana no se movió. Noto que la mano de ella temblaba, y se dio cuenta de que él también estaba nervioso. Otra nueva experiencia. Sabia que no debía acercarse e ella, se lo decía el sentido común, pero no sabia si podrida resistir la tentación. Su piel era cálida al tacto, real. No era un retrato, sino una mujer de carne y hueso. Fuera lo que fuese lo que habia pasado en su vida, lo que habia convertido en la mujer que habia llegado a ser, pertenencia al pasado. Ese momento era el presente. La siguió mirándolo con ojos enormes y un tanto asustados esperando sin moverse, y David soltó un juramento para sus adentros mientras bajaba los labios hasta los suyos. Permitir aquello era una locura y desearlo aun peor, pero incluso antes de que la boca de David se posara sobre la suya, Mariana sintió que se rendía ante él.  Hizo acopió de valor, preguntándose a donde iba a conducirles todo aquello. Su primer y único pensamiento cuando la boca de él se posó sobre la suya fue que parecía el primer beso de toda su vida.  Nadie la había besado así.  Habían experimentado pasión, el rápido y casi doloroso deseo derivado del frenesí ardiente; habia experimentado exigencias que había podido satisfacer, y otras que no;  había experimentado el deseo hambriento y la furia que un hombre podía sentir por una mujer, pero jamás habia experimentado, ni siquiera habia podido imaginar aquel tipo de devoción . Y sin embargo, a pesar de todo, intuía en él necesidades más desenfrenadas firmemente reprimidas, que hacían que aquel abrazo fuera mas excitante, más avasallador que ningún otro las manos de David estaban enterradlas en su pelo, explorando, acariciando, mientras sus labios se movían insaciables sobre los suyos.  Mariana sintió que el mundo se movía bajos sus pies, y supo instintivamente que estaría allí para afianzarla. David sabia  que debía detenerse, pero era incapaz de hacerlo.  Probar el sabor de sus labios habia hecho que necesitara saborearla más y más, era como si hubiera estado vació sin saberlo, y en ese momento, de forma increíble fulminante y aterradora, estuviera lleno y completo. Vacilantes incluso inocentes, las manos de Mariana recorrieron sus brazos hasta posarse hasta sus hombros, y cuando abrió sus labios David notó aquella misma curiosa timidez en su invitación.  A pesar de que en el exterior aun estaba enterrado bajo la nieve, podía oler el aroma de la primavera en su pelo y en su piel, por encima incluso del olor de la leña ardiendo.  Los troncos se movieron en la chimenea, el viento del anochecer empezó a ulular contra la ventana, y Mariana suspiro.   David quería seguir con la fantasía, levantar en sus brazos y llevarla a la cama.  Necesitaba tumbarse junto a ella, quitarle la camisa y sentir su piel contra la suya, y que ella lo acariciara y lo   abrazara que confiara en él. Sin embargo, en su interior se estaba librando una autentica batalla, ya que ella no era una mujer sin más.Estaba embarazada y dentro de ella  crecía el hijo de otro hombre, uno al que ella habia amado. No tenia derecho a quererla, y ella no podía confiar en él; aun así se sentía irresistiblemente atraído por ella, por sus secretos, por aquellos ojos que decían muchos más que sus palabras... y por su belleza, que iba mucho mas allá de la forma y la textura de su cara, aunque ella no parecía saberlo. Tenia que parar hasta que supiera exactamente lo que quería, y hasta que ella confiará lo suficiente en él para contarle la verdad. Hizo ademán de apartarse de ella, pero Mariana hundió el rostro en su rostro. -Por favor, no digas nada, dame un minuto. Las lagrimas que oyó en su voz lo sacudieron aun más que el beso.  El tira y afloja se intensificó en su interior,y finalmente levantó una mano y le acaricio el pelo.  Al sentir el movimiento del niño, David se preguntó que era lo que iba hacer. -Lo siento, no quiero ser pesada-dijo ella. Su vos sonó controlada de nuevo, pero aun así no lo soltó.  a lo largo de su vida, habia sido muy pocas las veces que alguien se habia molestado en abrazarla y hasta el momento no se habia dado cuenta de lo mucho que  lo necesitaba. -No eres pesadas. -Gracias- Mariana retrocedió un poco con los ojos brillantes de lagrimas contenidas-. Supongo que ibas a decir que lo que a pasado no ha sido algo premeditado, pero no hace falta. -No, no ha sido algo premeditado, pero no pienso disculparme por ello-dijo él con calma. -Comprendo-Mariana apoyo una mano en el respaldo e la silla un poco desconcertada-. Supongo que lo que he querido decir es que...no quiero que crees que yo... maldición- se dio por vencida, y volvió a sentirse-.He querido decir que no estoy enfada por el beso, y que lo entiendo. -Bien- David e sentía mucho mejor de lo que esperaba, y con tranquilidad agarró otra silla y se sentó a horcajas -. ¿Que es lo que entiendes?. Ella habia creído que dejaría el tema, que optaría por el camino más fácil y se esforzó por explicarle como se sentía sin revelar demasiado.  -Que te doy un poco de pena, y te sientes un poco responsable por la situación y por el cuadro-se pregunto porque no podía relajarse, y por que el la estaba mirando con una expresión tan extraña-. No quiero que crees que te he mal interpretado, no espero que... La explicación se estaba embrollando cada vez y más, y cuando estaba a punto de abandonar el intento y callarse, David enarcó una ceja y le hizo un gesto casi desafiante para que acabara de hablar. -Se que nunca podría sentirte atraído por mi físicamente...en esta circunstancia, no quiero que creas que he interpretado lo que a pasado como algo más que...una especie de amabilidad tuya.  -Eso si que tiene gracias- David se rascó la barbilla como si estuviera pensando en lo que ella le acababa de decir-. Mariana, no tiene pinta de ser tonta.  Me siento atraído por tí,   de esa atracción es muy física.  Puede que hacer el amor contigo no sea posible en este momento, pero eso no significa, que el deseo no exista. Ella abrió la boca pra decir algo, pero acabo levantando las manos y dejándolas caer de nuevo. -Tu embarazo no es lo único que me impide hacer al amor contigo, hay una razón no tan obvia, pero igual de importante.  Necesito saber toda historia Mariana. -No puedo contarte. -¿Tienes miedo?. Ella sacudió la cabeza.  Tenia los ojos brillantes de lagrimas, pero levantó la barbilla en un gesto decidido. -Tengo vergüenza. Aquella respuesta lo tomó totalmente por sorpresa. -¿Porque?, ¿Porque no estabas casada con el padre del niño. -No, no es eso. Por favor no insistas. David quiso protestar, pero se mordió la lengua porque ella estaba muy pálida, y parecía cansada y demasiado frágil. -De acuerdo lo dejare por ahora, pero quiero que sepas una cosa: siento algo por ti, y va ganando fuerza cada vez más rápidamente, nos guste o no.  En este momento, no tengo ni idea de lo que voy hacer con mis emociones. Cuando él se levantó de la silla, Mariana alargo una mano y lo poso en su brazo. -David, no hay nada que puedas hacer, y no sabes lo mucho que me gustaría que las cosas fueran diferentes. -La vida es algo que uno va construyéndose, ángel- David le acarició el pelo. y después se apartó-.Necesitamos más leña . Mariana permaneció sentada en la cabaña vacía, y deseo con todas sus fuerzas haberse construido una vida mejor.  Durante la noche nevó un poco más, pero con mucha menos intensidad que en los días precedente. Los nuevos centímetros que habían caído descansaban en pequeños montoncitos sobre la nieve que ya se habia consolidado, y habia zonas donde el grosor alcanzaba la altura de una persona.  Los alfeizares de las ventanas estaban cubiertos de montañitas en miniaturas, que se movían constantemente bajo la acción del viento.  El sol ya habia empezado a derretir la nieve más reciente, y al escuchar con atención, Mariana podía oír el agua descendiendo por los canalones desde el tejado.  Era un sonido reconfortante, y la hizo pensar en una taza de té caliente junto a la chimenea, en un buen libro en una tarde tranquila, o en una siesta en el sofá al atardecer. Pero hacia solo un par de horas que habia amanecido, y como siempre tenia la cabaña para ella sola. David estaba cortando leña, podía oír el ruido del hacha desde la cocina, donde estaba calentando esperanzada un vaso de leche con una tableta de chocolate.  Sabia que la leñera estaba llena, y que en el monto  de troncos que habia detrás de la puerta trasera era enorme, así que tendrían bastante reservas aunque la nevada durará hasta Junio, David era un hombre enérgico y físico a pesar de ser un artista, y ella entendía su necesidad de hacer algo manual y cansado. Pensó que aquella escena parecía algo muy...hogareño.  Ella en la cocina, y David cortando leña mientras unos largos carámbanos colgaban del tejado.  Su pequeño estaba en perfecta armonía, y no le faltaba de nada. Cada mañana seguían la misma rutina: cuando ella se levantaba, él ya estaba afuera apartando nieve con la pala, o cortando y cortando leña.  Ella le preparaba café o calentaba el que habia dejado hecho, mientras la radio informaba de lo que sucedía en el mundo exterior, que nunca aprecia demasiado importante.  David entraba al cabo de un rato se sacudía la nieve de encima y se bebía la taza de café que ella le daba y después él ocupaba su sitio tras el caballete y ella junto a la ventana. A veces hablaban y a veces ambos permanecían  en silencio. Bajo toda aquella rutina.  Mariana notaba una especie de prisa en él que no acaba de entender.  Aunque  podía pintar durante horas con movimientos controlados y medidos. David parecía terminar.  El cuadro avanzaba más rápido de lo que ella había anticipado, y estaba tomando forma en el lienzo... o al menos, la mujer que él  veía cuando la miraba.  Mariana no entendía por qué habia decidido hacerla parecer tan etérea, como un ser de ensueño, ya que ella era una persona completamente terrenal. El niño que llevaba en su vientre hacía que tuviera los pies completamente plantados en la tierra. Sin embargo, habia aprendido a no quejarse, porque él no le hacía el más mínimo caso. David había dibujado otros esbozos , algunos de cuerpo entero  y otros sólo de su cara, pero a ella no le habia molestado, ya que consideraba que tenía derecho; al  fin y al cabo, era la forma en que ella podía pagarle  por su alojamiento.  Algunos de los esbozos había hecho que se sintiera un poco incomoda, como uno que David había dibujado de ella durmiendo en el sofá una tarde.  En el parecía... indefensa, y de hecho, se había sentido  así al darse cuenta de que la había estado observando y dibujando sin que  ella se diera cuenta. Aun así, no le tenía ningún miedo pensó mientras removía sin demasiado entusiasmo la mezcla de leche en polvo, agua y chocolate. David había sido mas  amable  de lo que ella tenía derecho a esperar teniendo en cuenta las circunstancias, y aunque podía ser brusco y parco en palabras, era el hombre más dulce y bueno que jamás había conocido. Los hombres solían  admirar su físico, así que  era posible que David también se sintiera atraído por ella, pero en todo caso la trataba con respeto y cuidado.  Mariana había aprendido a no esperar ese tipo de trato si existía una atracción.  Mariana había aprendido a no esperar ese tipo de trato si existía una atracción.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD