El detective Hazel llegó rápidamente a donde le llamó su compañero, a las afueras del departamento de Evelyn, carros de policía permanecían estacionados y los paramédicos metían a un afroamericano trajeado, inconsciente a una ambulancia.
— Por fin llegas, ¿cómo te fue con el señor Phoenix? — preguntó Johan.
—Me dio el nombre de la chica y la dirección de su tía—respondió, sin apartar la vista del sujeto inconsciente—, ¿y quién es él?
— Según su identificación es Dominic Smith, pertenece a una agencia de protección privada, es su guardaespaldas.
—¿Qué? ¿Tenía un guardaespaldas y aun así la asesinaron tan fácil?
—No sabemos qué pasó, ven, entremos.
Subieron por el ascensor al piso exclusivo de la víctima. Todo se veía inmaculado, a excepción de la mesa del comedor donde una taza yacía quebrada en el piso, y dos silla se encontraba torcidas.
—¿Exactamente aquí fue donde lo encontraron? — indagó Hazel.
—Sí, estaba desmayado, los paramédicos sólo hallaron un traumatismo a la altura del lóbulo occipital, que todavía sangraba.
—¿Alguna otra cosa?
— No, el golpe era lo único— volteó a ver a David quien analizaba la escena—, qué, ¿crees que alguien entró, lo golpeó sentado mientras bebía té... luego asustó a Evelyn al punto de salir corriendo y ser asesinada?
— No, nadie lo golpeó, esto fue obra de Evelyn.
—¿Cómo?
— Conozco las buenas agencias privadas de protección, estos sujetos nunca bajan la guardia a menos que sus contratantes se los permitan, si estaba cuidándola, la única razón para tomar té, es porque ella se lo ofreció.
—¿Y luego qué?, lo golpeó en la cabeza, ¿a un tipo de 1.80, altamente entrenado?, su herida no sería consistente.
— No, el té tenía algo—aseguró, agachándose para ver mejor el escaso líquido y los pedazos de la taza—, si lo drogó, es normal que un tipo de ese tamaño al caer hacia atrás se hiciese daño en esa zona. Pide un examen toxicológico al hospital y haz que tomen una muestra de este líquido, envíalo al laboratorio, también dile al doctor a cargo que nos llamen en cuanto despierte, y pon a un oficial a cuidarlo, es un valioso testigo.
—Oye, calma, calma… hay algo que no concuerda, por qué Evelyn se desharía de su guardaespaldas. Si tenía uno es porque temía que algo le pasase.
— Eso es lo que voy a averiguar. Regresemos a la estación, quiero verificar sus antecedentes con el nuevo nombre.
* * *
Ya en la estación, al revisar la base de datos, David se sorprendió de la cantidad de denuncias que Evelyn había hecho.
— No puede ser…
—¿Pero qué demonios…? — externó Johan.
—¡Torres! — gritó David enfadado, atrayendo la atención del aludido—, ¿puedes explicarme qué es esto?
El hombre rubio echó un vistazo, al terminar de leer, habló como si no tuviese importancia.
—Vamos detective Hazel, esa chica será hermosa y muy famosa, pero está loca, nunca hubo indicios de ningún acosador, le gustaba llamar a la policía por nada. Si estás investigándola por un caso de homicidio, de una vez te informo que ningún jurado la tomaría como un testigo fiable.
— ¿En serio? — lo miraba acusante.
—¿Por qué te pones así?, somos del departamento de homicidios, no tenemos injerencia en esas cosas.
— Sí, ¿tú crees? — inquirió sarcástico, haciendo al otro fruncir el ceño.
— En verdad, ¿qué diablos te pasa para ponerte así?
— Es que ahora puedo darme una idea de por qué la tía de la víctima nos acusa de incompetentes, si el departamento de policía hubiese hecho su jodido trabajo, ella aún estaría con vida— reclamó, mostrando una fotografía en grande del archivo, que mostraba el cuerpo de la joven en cuestión, totalmente calcinada—. Supongo que a esto te refieres con llamar a la policía por nada.
Al principio el oficial se sorprendió.
— La chica del callejón que informaron esta madrugada ¿¡ERA ELLA!?
—Sí— respondió secamente el detective Simmons, quien se había quedado callado hasta el momento.
—¿Entonces qué teníamos que hacer?, nunca encontramos nada sobre un acosador— repeló el oficial Torres.
No tenía caso seguir hablando con él, David entendía que a la policía no le importaban ciertos asuntos hasta que ocurriese un crimen, pero era el colmo tener tantas denuncias y que dichas no se hayan investigado adecuadamente, ¿que no su lema era: "Servir y proteger"?
—Puede retirarse oficial— pidió el detective Hazel algo disgustado, sobándose la sien.
El oficial Torres se retiró, refunfuñando y maldiciendo entre dientes, indignado por la forma en la que fue tratado, odiaba al estúpido David Hazel, se creía mucho por ser un detective condecorado siendo tan joven, él a sus 35 años todavía estaba luchando por convertirse en detective, y dejar de ser un simple oficial. Ya se las pagaría un día de estos.
—¿Qué es lo que haremos Hazel?— inquirió el detective Simmons—, según estas denuncias, al parecer estamos persiguiendo un fantasma.
— Comprendo tu preocupación Johan, si la policía no atrapó a ese enfermo mientras acosaba a Evelyn, es muy probable que nos cueste el doble atraparlo ahora que su objetivo ya no existe. No obstante, todo criminal siempre deja un rastro, un hilo del cual tirar para desenredar esta madeja… pues bien, busquemos dónde se equivocó este infeliz.
Johan sonrió, debía tener fe en su compañero, si alguien podía resolver ese caso, ese era Hazel, un hombre serio y comprometido, mejor que cualquier sabueso, pues sí algo sabía, es que era el tipo de detective que siempre encontraba la verdad.
— Mira… creo que podemos empezar por su psicóloga. Aquí dice que ella dio aval de que Evelyn no tenía ningún signo de enfermedad mental.
— Vamos— se levantó motivado para seguir a David.
* * *
5 años antes
Los ojos celestes observaban a lo lejos, escuchaba los disparos impactarse contra su objetivo, al terminar la carga, su tía se quitó la gorra, las gafas de seguridad y los protectores auditivos, y secó el sudor de su frente con el dorso de su mano.
—Sí que te gusta disparar tía Karen— comentó una Evelyn de 19 años.
La mujer sonrió, guardando su arma.
— Nunca lo he dicho, pero, es una de las pasiones de tu tío, la compartió conmigo antes de que el cáncer de pulmón acabará con él.
—No lo sabía, lo siento.
—No te preocupes, es solo que nunca nadie me lo había preguntado.
Una vez guardó todo en su bolso deportivo n***o, ambas caminaban hacia la salida del club.
—¿Hoy irás a ver a tu madre? — preguntó la pelirroja mayor.
La chica asintió, con una sombra de melancolía.
— Tía, ¿crees que pueda convertirme en modelo?
—¿A qué viene eso?
—Quiero ser famosa.
— ¿No te había ayudado a entrar a Pegasus Entertainment como estilista porque eso era lo que querías?
— Sí, me gustas mucho ser estilista, pero mi objetivo ha cambiado.
—¿Por qué de la nada?
—Ayer mamá me confundió contigo, su estado ha empeorado últimamente, y… preguntó por mi hermano.
Karen respingó, no sabía qué decir. Ante su mutismo la joven siguió.
—Por un momento pensé que estaba confundida, qué era otro signo de su demencia, pero cuando dijo: "Karen, por favor no le digas a Evelyn que él vendra a este país, ella jamás debe saberlo” …
—Eve, no soy la más indicada para hablarte de ese tema.
— ¡Si sabes la verdad deberías decírmelo! — le reclamó.
Karen la miró lastimosamente.
—¿Tiene que ver con mi cicatriz? — cuestionó triste, tocando la superficie rugosa un poco más abajo de la sien, escondida entre el rojo cabello.
—Cariño, sé que no tienes memoria de tu infancia, pero, quizá es lo mejor. Y aún si quisiera decírtelo, no tengo idea. Mi hermana siempre tuvo en secreto el nombre de tu padre. Aunque sí sabía que tenías un hermano… desgraciadamente no sé qué es de él.
Evelyn contempló a su tía a los ojos, muy fijamente, en su mirada castaña no había rastro de mentira.
— ¿Has intentado preguntarle a tu madre?
—Sí— suspiró cansada—, lo he intentado en los pocos lapsos de lucidez qué tiene, sin embargo, cuando eso sucede evita el tema como su vida dependiera de ello, además parece ser que en esos momentos ella habla en secreto con una persona que no conozco.
— Creo que deberías seguir la voluntad de tu madre.
—Debería, pero en verdad, sí tengo un hermano, quiero conocerlo. Siempre he sentido que falta algo en mi vida, y al escuchar de su existencia, fue como si algo dentro de mí reaccionara y me indicará que eso era.
— Sigo pensando que es mala idea, aun así… te apoyaré, solo cambia tu apellido— concluyó, ya que en el fondo se sentía culpable por su sobrino, para su mala suerte, él tuvo que quedarse a lado de un mal padre, quizá si se encontrase con su hermana podrían ayudarse, así como ella y Beatrice se ayudaron.
— Muchas gracias tía— se abalanzó hacia la pelirroja mayor, abrazándola fuertemente.
Definitivamente se esforzaría por alcanzar la fama y cuando fuese lo suficientemente grande, su hermano la reconocería, y por fin, podrían encontrar la pieza que le faltaba. Aunque si hubiese podido ver el futuro, habría desistido, lo peor que pudo pasar en su vida fue volverse una estrella, alguien se obsesionó con ella de manera enfermiza y retorcida, sus desgracias se iban aproximando a cada paso que daba, completamente ignorante de un mal destino.