La escena habitual de Carla comienza con una buena dosis de música, estridente, incomprensible, pero de acordes relajantes. Movimientos simultáneos se repiten en ondas alternas, contoneo, desplazamiento corporal asimétrico que busca una fusión con el entorno mismo.
A pesar de su edad, esconde una naturaleza intrigante, su humilde origen se remonta a una guerra, la gran y última guerra, en los libros no se le menciona y nada se sabe sobre su desarrollo y su resolución, de ahí, Carla se recuerda deambulando, buscando comida de entre los escombros. Cuando la vio, era una figura sobresaliente entre el humo y las cenizas, alguien que le dio esperanza y fe ciega en la humanidad, esa silueta era la de Susana, su salvadora, su hermana.
Recuerda como le comento sobre el mundo de los espíritus, el gran enigma de la mencionada guerra, Carla solo recuerda aferrarse a ella, abrazarla, necesitaba a alguien con quién huir, comer, ponerse a resguardo. Susana fue la única persona en un radio de 50 kilómetros que hallo, quizá, ella era su destino.
Durante el episodio psicótico de Susana, Carla no la dejo por más de 15 minutos, mirto y ella la cuidaban obsesamente, la inmovilizó en constantes ocasiones, tanto que le tomo cierto gusto, el placer de atarla y tenerla bajo su protección le generó una ligera sensación de poder que aún no logra comprender, todo esto derivó de una escena que presenció meses atrás, cuando Itzella, con su agilidad sometió a Samantha y la tiró a la cama, más no contenta con eso, la ato de pies y manos hasta amordazarla y sujetarla bien a una silla, la sensación de poder encendió algo en ella, una chispa, que no puede entender.
Mientras se apaga la musica, mirto hace acto de presencia, la tímida niña lo abraza mientras acaricia sus piernas, el calor de ambos los obliga a acostarse, después de alguno que otro jugueteo, los dos acuerdan bajar a la sala a buscar algo de comer, en el rancho, a metros de distancia se escuchan ruidos parecidos a detonaciones, casi como disparos, pero una repentina nube de diversos colores invade todo espacio en el rancho, todo se desvanece, todo se vuelve oscuro, mirto lame la nariz de Carla y está escena es lo último que ella logra ver antes de caer desmayada. Diversos ruidos de pisadas se hacen presentes, Carla solloza y un soldado le coloca un trapo en sus labios, lo que la hace dormir.
El despertar es amargo.
Carla acaricia su rostro y sus piernas mientras se incorpora, mirto noveno se restriega en su pecho y se acuesta con ella, continuamente Carla sufre de imágenes inquietantes, soldados que la secuestran y le hacen exámenes, ella sabe que no son reales, al igual que con Susana, padece de un estrés post traumático que juega con su mente, le da visiones retorcidas de una realidad alterna, todo resultado de la última guerra, la guerra que lo devasto todo. Subitamente, Itzella realiza acto de presencia e interrumpe sus pensamientos.
-Has visto a Susy?- Con un tono suave le comento.
-Debería estar cerca del estanque, la vi correr hacia la llanura, iba a perseguirla pero necesita estar a solas-. Carla miro con melancolía a su madre, desearía poder atarla como hizo con Samantha, pero ella es más alta, jamás podría con ella.
Dicho esto, Itzella la observa con desden, se acerca unos pasos y le besa la frente y la boca con un suave murmullo.
-tontita-
mirto noveno interrumpe la escena saltando hacia Itzella y logra que ambas figuras se separen.
Hay algo raro en Itzella, siempre sonríe y se muestra tan dulce ante todos, pero en ocasiones se comporta de manera tan diferente.
-Cierto, y Susana?-. Carla recoge a mirto noveno y se apresura a bajar de su cuarto. Ya han pasado 15 minutos y no ha escuchado su característica sonrisa.