Capítulo 2. Una noche con el CEO.

1444 Words
Xander Reinhard había pasado las dos peores semanas de su vida. Estuvo a punto de perder la empresa que con mucho esfuerzo había fundado desde que estaba en la universidad por culpa de un error que él mismo había cometido. Su agudo instinto para las oportunidades, así como la acción de buenos y leales amigos, lo permitieron sortear los inconvenientes a tiempo aunque tuvo que atravesar una dura batalla. Durante dos semanas se mantuvo en tribunales peleando por los derechos que poseía sobre su empresa, invirtiendo toda su astucia y arrogancia. Aquel litigio, incluso, estuvo a punto de arruinarlo, pero al ganarlo recibió una compensación que lo regresó de nuevo a su privilegiado puesto. Reinhard Entreprises era una compañía fuerte de servicios informáticos que durante diez años había logrado posicionarse entre las mejores a nivel nacional. Xander pretendía expandirla y adquirir pequeñas y eficientes empresas de desarrollo de software en otras ciudades, para así reunir a los mejores programadores y tener presencia en cada rincón de Estados Unidos. Y lo estaba logrando, pero cometió el error de asociarse con una compañía de capital de riesgo que intentó estafarlo. Ellos quisieron apoderarse poco a poco de su negocio saboteando los contratos de adquisiciones, limitando sus funciones como CEO y presidente del consejo directivo. Gracias a sus instintos y a su actitud siempre precavida pudo percatarse a tiempo de la trampa e idear estrategias para defender su pertenencia más preciada. Había invertido gran parte de su vida y de sus esfuerzos en esa empresa. No iba a permitir que se la quitaran de las manos, pero la dura pelea lo dejó agotado, por eso se encontraba esa noche en «La Comadreja». Necesitaba descargar tensiones. Llevaba más de una hora en el club. Estuvo con sus amigos en la zona VIP disfrutando de la velada, hasta que se le antojó un poco de sexo desinhibido. Al entrar a la «habitación roja» varias mujeres se le aproximaron. Siempre sucedía igual. No solo por su físico atlético y su porte elegante solía llamar la atención, sino también por su posición social. Ser el fundador, CEO y presidente de una de las empresas más rentables y poderosas de Seattle le concedía cierto estatus. En la «habitación roja» él podía elegir y no quería tomar lo primero que encontrara, sino buscar a una diosa seductora que esa noche lo cegara por completo. Quería a una mujer de apariencia dulce, aunque con un alma salvaje, capaz de quebrantar la gravedad a su alrededor y hacerlo volar por los cielos del placer. Necesitaba olvidar y serenar a sus emociones para así recobrar energías. A pesar de haber superado su más difícil batalla, aún le quedaban muchos retos que asumir para seguir engrandeciendo a su empresa. Debía tener los nervios afilados y nada mejor que el buen sexo para lograrlo. Luego de un rato de espera comenzaba a aburrirse. No le interesaba lo que había ido ese día al club, pero su actitud cambió cuando vio entrar a una mujer con un diminuto vestido rojo que dejaba a la vista buena parte de su cuerpo exuberante. Al afincar la mirada en ella logró atraer su atención. La mujer se quedó inmóvil, con sus voraces ojos color chocolate repasándolo con descaro. Él se puso de pie y avanzó hacia ella como un halcón al acecho alejando con mirada iracunda a los otros hombres que la rondaban. Al detenerse junto a ella, a escasos centímetros, le ofreció un trago de su vaso. Vio complacido como ella lo tomaba y daba un sorbo sin apartar su atención de él. Así la reclamaba. Ni ella pensaba perder a su presa ni él iba a permitir que se la quitaran. La tomó por la cintura y la hizo caminar en dirección a los dormitorios. Débiles murmullos se escucharon tras ellos mientras avanzaban, pero no los atendieron. Enseguida le concedieron a Xander una de las habitaciones más lujosas, equipada con todo lo necesario para que pasaran una noche entera de placer y lujuria. Al estar dentro, él apreció con mayor detalle a la mujer. Tanto la belleza de su rostro delicado, enmarcado en unos cabellos castaños que caían en cascada sobre sus hombros, como la perfección de su cuerpo apetecible y muy bien proporcionado. Enseguida tocó su hombro maravillándose con la sedosidad de su piel y pretendió bajar la manga de su vestido para comenzar a desnudarla, pero ella retrocedió. Su actuar encendió su mirada, así como todo su organismo. —Yo me desnudo —dijo ella, usando una voz vibrante y sensual. Xander siguió con atención cada uno de los movimientos de la joven mientras se quitaba el vestido. La imagen de su cuerpo enfundado por una diminuta y sexi ropa interior endureció aún más sus partes viriles. Comenzó a desprenderse de su ropa atacado por la ansiedad. Le encantó que la mujer observara su desnudez con ojos enfebrecidos, así que fue más allá y se quitó el bóxer para demostrarle lo preparado que estaba. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro cuando ella vio con asombro su m*****o erguido y se relamió los labios. —¿Comenzamos? —la animó. —¿Estás apurado? —preguntó irónica. —Toda esta noche seré tuyo, pero quiero comenzar a disfrutarla ya. Ella sonrió perversa. —Entonces, ven campeón. —Lo invitó a acercarse con el movimiento de un dedo—. Te derretiré en mi fuego. Aquella promesa hizo bombear con fuerza el corazón de Xander y lo empujó a obedecerla como si fuese un perro noble y leal. En la vida, y en el sexo, él solía ser quien dominaba. Le gustaba llevar el control. Sin embargo, la forma firme, sensual y determinada que esa mujer utilizaba para guiarlo le resultó fascinante y con gusto se dejó llevar. Esa noche resultó para ambos mucho más larga de lo esperada. Aprovecharon cada segundo para tocarse, conocerse muy a fondo y amarse sin descanso. Xander nunca se había devorado tanto a una mujer como lo había hecho esa noche. Sus gritos de placer, súplicas y exigencias las disfrutó al máximo, de la misma manera en que gozó las ocasiones en que le concedía a ella el control total y se dejaba atar en la cama, de pies y manos, para satisfacer sus perversiones. Esa noche no solo se relajó, ella drenó todo de él. Robó su esencia, sus temores e inseguridades. Lo hizo un hombre distinto, uno enviciado de sus besos voraces, de su lengua implacable y de sus manos avariciosas. Cada vez que ella se alejaba, él la buscaba. La quería a su lado, lo más cerca que pudiera. Incluso, durante los descansos, le resultaba imposible dejar de acariciarla y mirarla con adoración, buscando memorizar sus facciones. La noche fue larga y el deseo inacabable, pero su organismo cedió una vez que los rayos del sol comenzaron a aparecer en el horizonte. Se quedó dormido con una sonrisa en los labios, entendiendo, por primera vez en su vida, lo que significaba una entrega total. Despertó al escuchar movimientos en la habitación. Se incorporó rápido en la cama y se llenó de furia al ver a un sujeto dentro que caminaba con sigilo hacia él. —¡¿Quién es usted?! —preguntó con amenaza. El sujeto, bajito y delgado, se detuvo y empalideció por el miedo. —Disculpe, señor. Son más de las doce del mediodía. Las reglas del club dicen que esta es la hora límite para quedarse en las habitaciones. El dueño me pidió que viniera a despertarlo. Xander se impactó y miró hacia la cama en busca de la mujer. No la encontró, solo una nota escrita con lápiz labial en una servilleta que decía: «Gracias mi sol». Tomó la servilleta y la apretó en su puño, luego se dirigió hacia el sujeto para traspasarlo con su furia. —¡Largo de aquí! ¡Me vestiré para irme! El hombre hizo una inclinación de cabeza antes de salir corriendo y dejarlo solo. Xander se levantó de la cama y repasó la habitación. No había otro rastro de ella más que la servilleta y su aroma aún adherido a las sábanas y a su cuerpo. —Te encontraré —dijo molesto y volvió a abrir la servilleta para detallar su letra. Una sensación de abandono se asentó en su pecho. Se sentía traicionado, pero a la vez, emocionado por aquel juego. Estaba decidido a repetir con esa mujer una noche de amor y lujuria similar o mejor a la anterior. Ella no iba a escapar con tanta facilidad. Ya estaba grabada en su piel… y en su corazón. Eso le garantizaba que ese no sería el final.
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