Samuel: May. Insiste, retomando su tono preocupado. Samuel: ¿Qué te pasa? May: Nada. Samuel: ¿Querés salir afuera o algo? Me ahorro la respuesta cuando una muchacha de baja estatura se aproxima a la mesa con un pequeño anotador en mano y una bandeja negra bajo el brazo. Escucho a Samuel hablando con ella, pero no presto atención. Cuando levanto la vista y no visualizo más a la joven desconocida, supongo que él habrá pedido algo por los dos. Samuel: Veo que se te fueron los nervios. May: No estaba nerviosa. Samuel (ríe): Si, claro. Levanto las cejas. Samuel: Cuando estás nerviosa te ponés pálida y no podés hablar. Exclama sin mirarme, mientras toquetea los sobres de azúcar que se encuentran en un pequeño canasto de paja sobre la mesa, como si lo que dijera fuese un poema estudia

