Al fin, el presidente, irritado por no poder atraparle, siguió en persona a su criado, y, tras verle entrar en el convento, mandó aviso al comisario, a la superiora y a una compañía de vigilancia, y descubrió que era Rozette la visitada. Ya no hubo la menor duda. Cuando quiso salir, Laverdure vio cierto tumulto y que le miraban de cerca, sospechó que la inspección hecha en el convento días antes, y de la que había oído hablar, podía ir contra él; tuvo miedo, pero no perdió la cabeza; se figuró que la jugarreta venía de su amo y, después de relacionar diversas circunstancias, quedó convencido. Pensó en escapar, y luego en vengarse. En un instante se quitó sus prendas de mujer y se encontró vestido con una pequeña camisola blanca y con un gorro bordado que por casualidad tenía en el bolsillo

