Chapter 2: Los colmillos de una golondrina (Parte 1)

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Bueno, ¿Cómo debería plantear esto? Sí, la expresión que estoy buscando es: Tengo un poco de miedo… Quiero decir, ¿quién puede culparme? Ni siquiera sé el motivo de enviar tantos soldados a mi habitación ¿No hubiese sido todo mucho más simple si solo mandaba un par de personas? —S-señorita Morgana… ¿Era necesario traer todos estos soldados aquí? —No, princesa… Más que ser necesarios, diría que la señorita Rigra es bastante caprichosa y extraña con sus peticiones, por lo que pudo haberlo hecho simplemente por diversión o puede que tuviera un buen motivo para hacerlo. Sea cual sea el caso, realmente no tengo forma de saber lo que pasa por la cabeza de mi ama, así que me disculpo—ella agacho la cabeza inmediatamente. —N-no, no se disculpe…—inmediatamente la detuve, ya que esta persona realmente no es leal a mí. —Entonces, dígame princesa, ¿a dónde deberíamos escoltarla el día de hoy? —¿Eh? P-pues… Realmente no hay nada que deba hacer el día de hoy… —Me temo que se equivoca, princesa. —¿Por qué lo dices, Morgana? —Déjeme recordarle que hoy es el día en que llegará su otra hermana, la señorita Gresia. Quien es la máxima autoridad de nuestro territorio. —Ahora que lo dices, eso es cierto. Sin embargo, pensé que su llegada se había retrasado. —Eso es correcto princesa y es por eso que esperamos su llegada a este territorio el día de hoy al anochecer. —Espera, sí que hay algo que quiero hacer. —La acompañaremos gustosamente, princesa—Morgana se movió elegantemente del camino para dejarme pasar. Bueno, más que algo que hacer, diría que simplemente tengo ganas de presumir a mi escolta por ahí. Para ser completamente sincera, me muero de ganas por ver la cara que pondrán mis hermanos al ver esta numerosa e imponente escolta. Dicho eso, las cosas realmente no salieron como esperaba. Las dos filas de soldados perfectamente alineados se quedaron en su lugar mientras me permiten recorrer el corredor libremente y solo Morgana me acompaña caminando tranquilamente detrás de mí y Tina. Los soldados presentan sus armas mientras paso, fue un espectáculo magnifico y en el segundo que termine de recorrer el pasillo atestado de soldados, ellos nos siguieron. Hasta este punto todo bien. El problema es lo que ocurrió después. Cuando salimos de una de las torres para dirigirnos al patio, los soldados literalmente empezaron a irse sin romper su formación y así como así, todos simplemente se esfumaron ante mis ojos, dejándome sencillamente con Morgana a mi cuidado. —¿Eh? ¿A dónde van todos? —El trabajo de estos soldados es protegerla princesa, así que todos tomaran sus respectivos puestos para cumplir satisfactoriamente ese fin. —¿No sería mejor si ellos se mantienen a mi lado? —Por supuesto que no. Aunque ciertamente serviría para presumir y mostrar su influencia a las masas. Dicho eso, el trabajo de estos soldados es encargarse de cualquier amenaza antes de que pueda suceder—afirmó orgullosa —No se preocupe, cualquier bicho que intente picarla será aplastado antes de que pueda pensar siquiera en una forma de atacarla. —Y-ya veo… —Dígame, ¿a qué lugar nos dirigimos? Ahora que mis planes se han estropeado realmente no tengo idea de lo que debo hacer. Me refiero a que no puedo presumir escoltas que están dispersos o están ocultos… —Quisiera ir al campo de entrenamiento para ver las maravillosas demostraciones de los caballeros. —Será como ordene. Sin embargo, en ese lugar… —¿Pasa algo malo Morgana? —No es que pase algo malo…—ella dio un profundo suspiro —Supongo que lo averiguará al llegar— comentó resinada. Al inicio no entendí muy bien a lo que se refería. No obstante, entre más nos acercábamos al campo de entrenamiento, más evidente era lo que le inquietaba a Morgana. Desde la distancia puedo escuchar golpes y desgarradores gritos de gente siendo torturada. No es un sonido que acostumbre escuchar en este lugar. Lo normal sería el maravilloso sonido del metal chocando contra el metal, los aguerridos gritos de valientes guerreros chocando con sus respectivos orgullos en juego, tú sabes, ese tipo de cosas. Dicho eso, lo que escucho a la distancia hace parecer que me estoy acercando a una sala de tortura más que al entrenamiento de poderosos caballeros. —¡Mi pierna! —¡¡¡AAAAAAH!!! —¡¡¡Me rindo!!! —¡¡¡Tenga piedad!!! A medida que me acerco al lugar, aquellos gritos no hacen más que simplemente empeorar. —¡Deja de llorar y levanta tu espada!—gritó una voz femenina que reconozco muy bien. —P-p-pero… mi señora… —¿Acaso quieres morir? Cuando finalmente pude ver lo que sucede al llegar al campo de entrenamiento, encontré a Rigra amenazando un soldado con su espada en alto. Es una escena algo extraña el ver un soldado de ese tamaño tendido en el suelo, mientras Rigra, que es una persona bastante bajita de estatura lo observa hacia abajo. Inmediatamente tras nuestra llegada, Rigra noto nuestra presencia y soltó la espada que tiene en la mano con aburrimiento. —Si no están dispuestos a morir, no me pidan que los entrene—dijo despectivamente mientras se dirige hacia nosotros —¡Oh, mira eso! Hola Morgana, ¿cómo va todo? Fui magníficamente ignorada. —Tenga muy buenos días mi señora. Veo que tortura algunos soldados como de costumbre…—dijo con incomodidad, como si conociera perfectamente el sentimiento. —Vamos, si no sufres no es entrenamiento. —Sinceramente eso es algo que prefiero no recordar mi señora. —Vamos, no seas tan negativa. Lo que me recuerda, parece que has traído a mi siguiente fuente de entretenimiento. —¿Eh?—exclamé cuando Rigra me observo de manera peligrosa, aunque juguetona. —Hoy haré que trabajes como una mula de carga, princesa. Ha llegado la hora aprender a caminar por tu cuenta. Dijo mientras su peligrosa sonrisa solo se hace más grande. Siento que su propósito más que curarme, es torturarme o burlarse de mí.
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