Chapter 3: Juzgando al inocente (Parte 1)

1599 Words
Finalmente pude poner a esa molesta mujer en su lugar. Esa desesperante presumida me estaba hartando a unos niveles que ni siquiera tengo palabras para describir. Realmente odio a esa mujer; odio la forma en la que todos la observan con deseo y el respeto con el que la tratan, esa mujer no es más que una decoración; un bonito adorno y como una hija ilegítima debería quedarse así; siendo un adorno llamativo útil para fines políticos y nada más. Ahora que ha sido capturada me aseguraré de que el torturador haga que esta mujer se someta a mi voluntad. Actualmente me dirijo a la prisión que mande a construir, ya que hubiese sido un problema que esta mujer permaneciera en el palacio. Tengo una pequeña propiedad en las afueras de la ciudad, lugar donde habitan la mayoría de familias nobles que tienen territorios extensos. Como de costumbre mis sirvientes me saludan respetuosamente y en el interior de la propiedad me espera uno de mis peones más útiles, el Conde Ruguel, quien antes de retirarse era uno de los altos mandos militares de nuestro glorioso Imperio. —Bienvenida, su excelencia—él me espera en la entrada de la mansión acompañado de algunos sirvientes. —Buenos días, Ruguel—luego de seguir la molesta etiqueta y hacer un gesto de saludo continué —¿Lograron apresar a la mujer? —Sí, en realidad fue bastante fácil ya que no ofreció ninguna resistencia. —¿Es así? Pensé que esta mujer tenía más agallas, pero terminó siendo tan sumisa como mi molesta hermana Crista. —Por el momento hemos encadenado los brazos de la Duqueza y le vendamos los ojos tal como solicitó. Ella ha estado tranquila desde entonces, ¿desea verla, su excelencia? —Sí, realmente deseo ver a esa mujer arrodillarse frente a mí. —Entiendo, su excelencia. El Conde no agrego nada más e inmediatamente nos dirigimos a la prisión que he construido bajo mi propiedad. Mi mansión es un lugar bastante ostentoso he de decir, desde que era niña he recibido todo tipo de regalos de altos nobles que desean congraciarse conmigo, por lo que mi mansión está magníficamente decorada con armaduras, arañas de oro y otros objetos llamativos. En el salón de entrada hay una escalera doble y una gran puerta central que lleva al salón de reuniones. Sin embargo, si uno mueve la espada de una de las armaduras que decoran el salón de entrada, se abrirá una pequeña puerta que lleva a las mazmorras. Luego de abrir el compartimiento secreto bajamos las gradas hacia el lugar por un tiempo considerable. He de admitir que este lugar no es nada agradable, el aire está encerrado, lo que es bastante molesto, además es un lugar frío y húmedo. La única fuente de luz son las pequeñas antorchas que decoran el pasillo, aparte de esto no hay más que rejas y uno que otro esqueleto de desafortunados prisioneros que hozaron a oponerse a mis deseos. —Aquí está su hermana, su excelencia—el Conde señalo una de las celdas y en ella hay una mujer que, aunque me cueste admitirlo incluso desarreglada es abrumadoramente hermosa, pero eso puedo arreglarlo en un par de días. Cuando termine con ella, volveré a ser la joya del Imperio. La mujer en cuestión cuelga de sus muñecas y parece estar completamente inconsciente. —¿Qué le pasó?—pregunté con curiosidad. —De momento nada, es solo que le hemos suministrado suficientes narcóticos como para mantener dormido a un ogro por una semana. También debo agregar que les ha costado mucho a nuestros soldados abstenerse de jugar un poco con esta mujer. —Ya veo, si ese es el caso como recompensa puedo permitir que jueguen un poco con ella si se niega a cooperar. —Oh, estoy seguro que todos estarán muy agradecidos con la generosidad de su excelencia. —Supongo que por el momento no podré hablar con ella ya que está sedada. —Sí, me temo que tardará bastante en despertar. Empezaba a pensar que era una verdadera lástima, cuando la mujer empezó a moverse un poco. —¿D-dónde estoy?—habló en voz baja y apenas audible. —¡¿Qué?! ¡Esto es imposible!—el Conde está realmente impresionado por lo sucedido. —Tranquilo Conde, los materiales que tengo llevan mucho tiempo guardados y es probable que su efectividad haya decaído por eso. —Ahora que lo dice… No esperaba menos de usted, excelencia. —Lo bueno es que ahora que ella ha despertado podemos hablar con ella de inmediato—luego de eso finamente dirigí mi atención a la persona en el interior de la celda —¡¿Me escuchas bastarda?!—ella no respondió a mi llamado. —¿Quizá aún está algo aturdida por los narcóticos? —Oh, ya veo… Sin embargo, eso se puede arreglar muy fácil—inmediatamente me dirigí a un sitio donde hay varias herramientas de tortura en exhibición, cosas como: pinzas, mordazas, clavos, látigos, jaulas con ratas hambrientas, un poco de todo. Después de pensarlo un poco agarré una punta de metal y la calenté en una de las antorchas antes de entrar a la celda acompañada de dos soldados. —¿Planea empezar a torturarla desde el inicio? —Sí, entre antes esta mujer se someta a mi voluntad mejor. —Entiendo, excelencia. —¡Oye, despierta!—inmediatamente usé la punta de metal caliente para dejar una marca en el muslo derecho de la chica. —¡Uhg!—más que un grito, fue un ligero quejido apagado lo que produjo con el metal caliente quemando la piel de su pierna —¿Qué pasa? Eso duele mucho, ¿saben?—contrario a todo pronóstico ella no parece molesta o asustada, en su lugar parece algo apática y relajada. —Esta mujer…—el Conde parece algo inquieto por lo sucedido. —¿Sabes el motivo por el que estas aquí?—le pregunté. —Uhm… realmente no lo sé, pero si tuviera que adivinar… Diría que cierta princesita está frustrada por su incompetencia y ha buscado un par de incompetentes para apresarme temporalmente, ¿me equivoco? —¡¿Cómo te atreves?!—gritó el Conde. —Tranquilo, Conde. No caiga en la evidente provocación de esta mujer—le dije tras sujetarlo del hombro —¿Entiendes que tu destino está en mis manos? —¿De verdad? Vaya, que problema…—sugirió de manera burlona y su actitud realmente empieza a arritarme. —¿Quizá un poco de veneno haga que corrijas un poco esa actitud tuya? —¿Veneno? ¡Néctar de los dioses! ¿Qué tipo de veneno usaras?—esta tipa es realmente desesperante… —¡Silencio, maldita!—no pude abstenerme de quemar nuevamente su piel en la región abdominal con el metal hirviente en mi mano. —¡Ugh! Que delicada…—esta bastarda realmente necesita ser disciplinada —Traigan esa cosa—ordené y en respuesta uno de los soldados trajo una jaula con una rata dentro. Estas son ratas muy especiales a las cuales alimentamos exclusivamente con carne humana y empiezan a mordisquear lentamente a los prisioneros. Son animalitos realmente útiles cuando se trata de tortura. —Ten cuidado, advertí—el soldado sacó con cuidado la rata de su jaula usando un guante y luego colocó al animal en el hombro de Rigra. —Uh, comida—de un momento a otro, ella se giró hacia la rata y le arranco la cabeza de una mordida… —Muchas gracias, realmente estaba muriendo de hambre… —Quizá lo mejor sea dejar que los soldados jueguen un poco con ella para quebrantar su espíritu, tengo confianza en que será dócil después de pasar un buen rato con veinte o treinta soldados—sugirió el Conde. —Tú te lo has buscado—advertí —luego no me culpes por lo que pasé después. —Háganlo—ordenó el Conde. En respuesta varios soldados empezaron a desabrochar sus armaduras y a soltar inquietantes risas de expectación. —Yo seré el primero, dijo uno que inmediatamente se acercó a Rigra para hacerla suya, el soldado se acercó a ella y le acarició el rostro con deseo. —Con su permiso, Duquesa. De un momento a otro se escuchó un fuerte crujido y algo voló junto a mi como si fuese una estrella fugaz. Lo que sonó fueron las costillas del soldado siendo aplastadas por la fuerza de la paratada que recibió de parte de Rigra. Posteriormente el hombre pintó un cuando carmesí en el muro de la mazmorra con su cuerpo. —Uh, realmente lo siento. Lo hice por reflejo, que me acaricien el rostro me causa cosquillas, ¿saben? Debieron atar mis piernas también, aunque… ¿Me pregunto si podrán? Uno nunca sabe, quizá la próxima vez estornude y termine matando a alguien—sugirió con una sonrisa y mis soldados fueron intimidados, ya que los puedo ver dar un ligero paso hacia atrás. —¡Eres una maldita!—grité e inmediatamente le arrebaté una ballesta a uno de los soldados e inmediatamente le disparé a Rigra en el abdomen —Si te niegas a dejar que nos acerquemos también puedo hacer esto—advertí mientras la observo sangrar. —¡Ugh! —¡Reflexiona tus acciones mientras agonizas, maldita bastarda!—dije antes de salir de la celda y dejar a Rigra gravemente herida. Incluso si muere estoy segura de que encontraré una buena excusa para mi darle a mi padre.
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