Terrence subió las escaleras con tanta euforia que uno hubiera pensado que necesitaba ir al baño. Debía estar enamorado de esa Eva McRayne. Dios mío. Reena subió las escaleras más despacio; probablemente estaba sumida en sus pensamientos sobre más coincidencias aleatorias, así como sobre estas nuevas personas que estaban a punto de ser presentadas en la finca. Jonah los dejó subir y, luego, se volvió hacia Jonathan.
─¿Un conducto espiritual suicida? ─Jonah entrecerró los ojos. ─¿En serio?
─La chica no es suicida─. Jonathan juntó las manos frente a él. ─Ella estaba en medio de una pelea con el llamado Lancaster. Fue él quien le hizo daño.
─No me digas que tú también ves esta mierda.
─No─. Jonathan le dedicó una sonrisa tensa. ─Tengo recursos mucho más fiables que la televisión.
─Todavía tengo fuertes sentimientos sobre esto, Jonathan─, dijo en un agudo susurro.
─Me sorprendería que no lo hicieras, Jonah─, dijo Jonathan con calma. ─Yo también.
La respuesta de Jonathan dejó perplejo a Jonah. ─Entonces, ¿por qué has dado luz verde a esto? ─, preguntó. ─Seguro que no crees en esa mierda de dioses y monstruos griegos, ¿verdad?.
Jonathan contempló la pregunta de Jonah durante un minuto antes de responder. ─Los reinos de la vida son infinitos, Jonah─, dijo al fin. ─Sabemos que la vida nunca se acaba; ¿qué otros secretos guarda la vida? Con la inmensidad de la vida, ¿quién soy yo para refutar las posibilidades? ¿Es Eva McRayne el artículo genuino? No lo sé, nunca la he conocido. Pero está lejos de ser imposible. Pero lo que sí sé es que yo soy un guía protector de todo lo que hay en esta región que contemplo. La señorita McRayne es un elemento nuevo. No sé si su presencia es una bendición o una amenaza. Los acontecimientos se desarrollarán aquí mismo, donde puedo hacer algo ante cualquiera de las dos eventualidades.
Jonah, Terrence y Reena esperaban a Eva McRayne y a su equipo en la pista de aterrizaje privada de Raleigh. Reena se limitó a cambiarse la ropa de relax, lo que significaba que su nuevo atuendo no tenía pintura salpicada, y se acomodó el pelo en una cola de caballo más apretada. Terrence iba vestido con Dockers, mocasines y un polo n***o ajustado. Jonah no cambió nada. No consideraba la situación lo suficientemente importante como para cambiarse. Además, no le importaba que McRayne o sus compañeros lo juzgaran por su aspecto. Tampoco es que fueran a ser amigos. Aunque le había echado un vistazo a la página web de Mensajes de la tumba para no estar completamente a oscuras.
Tenía la página web y más. Terrence no bromeaba cuando mencionó que McRayne había estado en todas las noticias. Un artículo tras otro detallaba los espantosos asesinatos de una tal Janet y Martin McRayne, seguidos de más propaganda sobre el intento de suicidio de la mujer. Se consideró una recuperación milagrosa basada en su supuesta inmortalidad.
Sí. Sí.
─¿Por qué vendría aquí? ─ Quiso saber. ─La RDU está a un salto, un salto y un salto de distancia.
─Jonathan dijo que querían estar de incógnito─, le recordó Reena. ─Los famosos, la gente influyente, todos quieren los aeropuertos más pequeños para poder evitar a los paparazzi y a los psicópatas y todo eso. Un avión comercial no permite la privacidad de nadie, pero en lugares remotos como éste... Los famosos pueden llamar con antelación y los responsables del aeropuerto pueden organizar el transporte─. Señaló la limusina que había estado allí antes de que ellos aparecieran. ─La gente aterriza, sube y deja atrás la carretera sin que casi nadie se entere.
Jonah lo pensó. Tiene sentido. Suficiente.
Terrence no prestó atención a ninguna de sus palabras. Rebotó sobre sus talones como un niño y observó el cielo como si pudiera desear que la llegada fuera antes. Jonah revisó el atuendo de Terrence una vez más y tuvo que admitir que era bastante elegante. A pesar de ello, no creía que fuera a impresionar a una celebridad. Pero no iba a desprestigiar a su amigo. Jonah tenía el presentimiento de que eso ocurriría muy pronto.
─Es la hora del espectáculo─, anunció Reena, y Jonah alzó la vista hacia el cielo.
Un avión privado descendió, hizo un aterrizaje suave y se dirigió a un punto no muy lejos de la limusina. Jonah esperaba ver algunas palabras elegantes estampadas en el avión, pero McRayne, o quienquiera que se encargara del transporte, lo hizo correctamente. Aun así, no le sentó bien. No es que todo el mundo tuviera aviones que los llevaran a todas partes y limusinas que los llevaran en cuanto aterrizaran. ¿Por qué necesitaba McRayne tanto secretismo? ¿No era gritar desde la montaña más alta parte del protocolo de los famosos?
─Quita el amortiguador, Reena─, dijo Jonah mientras se abrían las puertas del avión. ─Haznos un favor y marca a esta gente ahora mismo.
─Esa no es la forma en que hago las cosas, Jonah─, dijo Reena en tono contundente. ─Ya lo sabes. No hay ventajas. Todos tenemos que estar en igualdad de condiciones. Esa es siempre la mejor manera de causar una primera impresión.
Jonah negó con la cabeza. ─Reena, ¿te das cuenta de que estás diciendo esto sobre una mujer suicida que se baja de un avión privado?
Los ocupantes del avión bajaron rápidamente los escalones. El primero parecía un poco alegre, pero al mismo tiempo parecía forzado.
─Es el tío de la cámara─, reveló Terrence. ─No se le ve mucho, obviamente, pero el sitio web de Theia Productions canta sus alabanzas. Creo que se llama Joey.
Después de Joey, un hombre de aspecto muy duro hizo un rápido escaneo de la pista de aterrizaje como si un ataque fuera inminente. Ese sólo podía ser el guardaespaldas de Eva. Maldita sea, ¿el tipo era un exmiembro de las fuerzas especiales o algo así? Probablemente sería mejor mantenerse de su lado.
Por último, Jonah obtuvo su primer vistazo oficial de Eva McRayne. Fue extraño. Parecía una contradicción. Por un lado, encajaba perfectamente en el perfil de una celebridad insípida y mimada: pelo rubio miel con todos los mechones en su sitio, figura atlética y ese aire indefinible de alguien que no tiene ningún problema con el dinero. Pero, por otro lado, había algo diferente.
Había un aire sobrenatural en ella. No era algo que él pudiera ver. Era algo que percibía. Sus rasgos parecían un poco atormentados, pero si acababa de perder a sus padres, no era de extrañar. Y sus ojos... espera, ¿eran dorados? Terrence no había mencionado eso. Los ojos tenían un efecto interesante, y Jonah se sorprendió a sí mismo pensando que tal vez sí que había algo en esta dama.
¿En qué demonios estaba pensando? Eran falsos, claro. Es cierto que él nunca había visto unas lentillas doradas, pero probablemente ella se las había hecho especialmente para acentuar toda su imagen de "sibila". El hecho de haber perdido a sus padres era terrible. Pero la mujer probablemente podría comprar su salida de su dolor. Al fin y al cabo, tenía el avión y la limusina.
La mujer se detuvo a mitad de la escalera y lo miró fijamente. En ese momento, el pensamiento más extraño golpeó a Jonah como un ladrillo. No, no fue un pensamiento.
Un recuerdo.
Tres semanas antes, se había unido a Reena y Terrence en un viaje por carretera a la costa. De camino a casa, se habían detenido en un pequeño festival del condado a las afueras de Raleigh. Fue una oportunidad para estirar las piernas después de un día de viaje y, de alguna manera, acabaron en un pequeño puesto en el que una mujer afirmaba poder decirte el futuro por veinte dólares
Sí, claro. Jonah se había mostrado escéptico, pero aceptó cuando Terrence casi lo arrastró. La mujer le dijo a Terrence que seguiría explorando su amor por la cocina y que, con el tiempo, haría de ello su carrera.
No era una sorpresa. El hermano informal de Jonah era un maestro con la comida. Incluso se había puesto su camiseta favorita para hacer barbacoas, por lo que olía un poco a humo y salsa dulce. En cuanto al futuro de Reena, la mujer adivinó que se centraría más en su arte y en su familia. De nuevo, no era una sorpresa. Incluso después de días de viaje, Reena aún tenía pintura de su último proyecto enterrada bajo las uñas.
Pero Jonah no sería tan fácil de leer. La mujer no tenía ninguna pista que utilizar mientras se sentaba frente a ella. Le pasó sus veinte dólares y ella le cogió la mano para estudiar la palma.
─Oh─, jadeó ella. ─Tu vida está a punto de cambiar.
─¿Sí? ¿Cómo es eso?
─Veo... veo a una mujer. Ya la has conocido antes, aunque todavía no te das cuenta. Ella es tu alma gemela. La que has estado esperando que vuelva a ti.
Jonah resopló. Estaba claro que hablaba de Vera Halliday. Había estado enamorado de esa mujer desde que la conoció, pero no había ocurrido nada sustancial entre ellos.
Así que, de nuevo, ningún avance sorprendente. Tuvo la intención de hacer que Terrence le devolviera el billete de veinte que acababa de desperdiciar.
─¿Señora? Ya lo sé. Estoy trabajando en ello.
─No─. Ella negó con la cabeza. ─No, no es así. Ya veo...
La mujer hizo una pausa y, luego, frunció el ceño. ─Hay algo sobre el oro. ¿Pelo dorado? ¿Ojos de oro? No podría decirlo. Pero serás transferido a otro mundo. Uno financieramente rico. Tendrás muchas luchas, pero las recompensas superarán con creces las dificultades.
Jonah tuvo que morderse la lengua para no reírse a carcajadas.
─Creo que acaba de describir un programa de telerrealidad, señora. O la trama de los de Beverly Hills. Soy un excontable que trabaja a tiempo parcial en una biblioteca. La única razón por la que no estoy mendigando es porque tengo alojamiento y comida gratis. Así que, a no ser que esté contando las denominaciones de las fichas de póquer falsas que uso con mi amiga gótica, puede que tenga algunos cables cruzados.
─Te ríes porque no ves lo que yo veo.
─Me río porque conozco la verdad de mi situación.
─Tu situación actual, sí. Estoy hablando del futuro. El futuro cercano.
─De acuerdo, bien. Dígame qué buscar para que pueda identificar a mi salvadora.
─Oro─. Eso lo sé con certeza. Ella es... ¿entretenimiento? ¿En el entretenimiento? Sí. Ya lo veo. Una actriz, tal vez.
Jonah asintió. ─De acuerdo. Una estrella de cine insípida y vacía es mi alma gemela. De acuerdo.
─Hablo en serio...
─Yo también. Terrence, devuélveme mis veinte dólares.
─Escucha─, la mujer apretó su mano. ─Busca el oro. Busca la fama. Esta es una oportunidad única en la vida y, si la pierden, ambos sufrirán.
─Tomo nota, señora─, murmuró Jonah. ─Gracias por el entretenimiento.
Se levantó de la mesa. ─Terrence, me devolverás mis veinte, y quiero dos cheesesteaks grandes. ¿Entendido?
─Bien. Búrlate de mí. Pero ya verás. Recordarás mis palabras cuando llegue el momento.
Jonah lideró el camino fuera de la cabina sin decir nada más. Terrence murmuró en voz baja mientras sacaba un billete de veinte y se lo pasaba a Jonah.
─Me vas a devolver eso si sus palabras terminan siendo ciertas.
─No lo harán.
─¿Cómo lo sabes?
─No me gustan las rubias.
─¡Vamos, J! ─ Reena pasó su brazo por el de él. ─Nunca se sabe lo que va a pasar.
─Reena, todas las rubias que he conocido, sin contar a Liz, han sido unas zorras. Todas. Y. Cada. Una. De. Ellas─. Jonah resopló. ─Priscilla fue una zorra y la gota que colmó el vaso. Así que, si hay una rubia en mi futuro, más vale que se tiña y se lleve el secreto a la tumba.
─No eres divertido─. Reena se rió. ─Ni siquiera has mencionado que estamos en medio de la nada. ¿Qué celebridad va a venir a Roma?
─Nadie─, dijo Jonah. ─La última celebridad fue Turk Landry, y era un asno. Y, oh sí, rubio.
─Tío, ese era el peor tinte rubio de la historia─, dijo Terrence.
─Aun así─, murmuró Jonah, ─era rubio.
Y, sin embargo, aquí estaba, al lado de una pista de aterrizaje, viendo cómo una celebridad rubia se quitaba las gafas de sol de la cabeza para ocultar sus ojos dorados.
No. De ninguna manera esa psíquica tenía razón. Jonah se sacudió el recuerdo de la mente. En un abrir y cerrar de ojos, McRayne, su matón y Joey estaban cara a cara con ellos. Joey y Terrence se chocaron los cinco como si ya fueran amigos íntimos, pero estaba claro que la atención de Terrence estaba en Eva. El guardaespaldas estrechó la mano de Reena y, a menos que Jonah estuviera muy equivocado, se estaban midiendo mutuamente. ¿Qué pasaba con eso? ¿Acaso este hombre suponía que Reena era los músculos de este trío y gravitaba hacia un espíritu afín?
Por alguna razón, ese pensamiento ofendió a Jonah. Al fin y al cabo, no era él quien necesitaba al guardaespaldas. Era la mujer que estaba frente a él en ese momento, estrechando su mano sin celo ni emoción.
─Es un placer conocerte, Eva─, le dio la bienvenida Jonah con voz practicada. ─Mi nombre es...
─Sé tu nombre, vaquero─, dijo Eva con voz tajante. ─Jonah Rowe. Antiguo contable. Actual... ¿a qué te dedicas? Y ese es Terrence Aldercy, junto a Reena Katoa. A pesar de lo que puedas creer, no soy estúpida. ¿De verdad crees que me quedaría con gente sin saber quiénes son?
Jonah apartó la mano y entrecerró los ojos. Aquella era una marca más en la lista de criterios de una famosa mocosa y mimada.
─Si sabes quién soy, entonces sabes que no debes llamarme vaquero─, respondió. ─Y yo en tu lugar no hablaría. Te he buscado. Eres de Charleston, Superestrella. Eres tan sureña como el resto de nosotros.
Eva palideció ante la mención de Charleston, pero puso los ojos en blanco al hablar.
─Así que has visto el programa. Has leído un par de páginas web. Crees que sabes todo lo que hay que saber sobre mí. ¿Campestre y fanático? Cyrus, gran trabajo arreglando nuestros arreglos de vida. De verdad.
─Espera, ¿qué? ─, dijo Jonah, pillado por sorpresa, ─Lo has entendido mal, Terrence es el que....
Pero Eva no estaba interesada. Con una burla, le dio la espalda a Jonah y subió a la limusina. Joey, el tipo de las fuerzas especiales, a quien Jonah oyó decir que se llamaba Cyrus o algo así, y Terrence ya se dirigían hacia allí.
Terrence no había notado nada más allá de que Eva ya sabía su nombre, así que la conversación con él estaba descartada. Sin embargo, Jonah todavía tenía a Reena de su parte. Se dio cuenta de que ella aún no había entrado en la limusina. La miró fijamente, sacudiendo la cabeza.
─Estoy totalmente de acuerdo─, le dijo refunfuñando. ─Ella es un poco...─
─No, Jonah─, dijo Reena, ─McRayne está asustada. Aterrada. Algo no está bien.
Jonah parpadeó. ─Pensé que tenías el amortiguador puesto─, dijo.
─Oh, lo sé─, confirmó Reena. ─Lo sé porque no soy estúpida. No he necesitado la lectura de mi esencia para saberlo.
Jonah no estaba convencido. ─¿Cómo va a tener miedo de algo con Cyrus la figura de acción siguiéndola como una sombra?
─Maldita sea si lo sé─, dijo Reena encogiéndose de hombros. ─Acabo de conocer a esta gente.
Bajó a la limusina. Jonah se acercó a la puerta y suspiró.
─Maldita sea, Jonathan─, dijo en voz baja. ─Desestresarme, mis narices".