Capítulo 3. POV Norman

1199 Words
Me quedé mirando fijamente a la "dulce" Ekaterina mientras se alejaba moviendo su pequeño culo, mientras sentía una mezcla de confusión y curiosidad. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había reaccionado de esa manera? Mi mente daba vueltas tratando de encontrarle sentido, pero cuanto más lo pensaba, más perdido me sentía. Había algo en su mirada, en la forma en que levantó el mentón y me enfrentó, que todavía retumbaba en mi pecho. Me había acostumbrado a ver a Ekaterina como una chiquitita frágil, alguien que necesitaba protección y cuidado. Pero en ese momento, había visto algo diferente en ella. Algo que me había sorprendido y, si soy honesto, me había inquietado. Era como si, de repente, hubiera descubierto que la dulce y sumisa Ekaterina tenía garras. Garras afiladas. O garritas para el caso... Por primera vez, me recordó a una criatura salvaje, algo que había estado escondido bajo la superficie y que ahora había salido a la luz. Sentí un extraño cosquilleo en el estómago, una mezcla de intriga y, aunque jamás lo admitiría en voz alta, algo cercano a la atracción. ¿Yo, atraído por ella? No, qué carajos. Sacudí la cabeza, negándome a profundizar en esa línea de pensamiento, pero la incomodidad permaneció. Me había acostumbrado a tener el control, a ser el que mandaba, el que llevaba las riendas con todos y todas. Nadie me plantaba cara, y mucho menos alguien como Ekaterina. Sin embargo, en ese instante, me sentí como si estuviera perdiendo el control. Era como si "cara de ángel "estuviera tomando las riendas de una situación que ni siquiera sabía que existía entre nosotros. Por Dios, si en el último año había notado el modo en que me miraba... Me alejé de ella como si fuera una de las siete plagas de Egipto o tal vez las siete juntas...O los cuatro Jinetes del Apocalipsis tal vez. No podía permitirme que las cosas pasaran de un simple cruce de miradas. Ella ni siquiera era mi tipo. De ningún maldito modo, me repetí en mi cabeza. Y sin embargo, ahí estaba yo, luchando contra una erección incómoda que no podía justificar. Metí las manos en los bolsillos, tratando de disimular mi estado, y me di la vuelta para dirigirme al bar. Necesitaba un trago para calmarme y, de paso, para alejarme de los pensamientos pecaminosos que comenzaban a rondar mi cabeza. Mientras caminaba, no pude evitar pensar en Ekaterina. ¿Qué había pasado para que cambiara de esa manera? ¿Qué había desencadenado esa reacción en ella? Recordé las palabras que había soltado con Steven. Las mismas que ella escuchó y que claramente la habían herido. Mierda y más mierda. Me senté en el bar y pedí un whisky casi con resignación, esperando que el alcohol me ayudara a aclarar mi mente o algo así. Miré hacia la multitud distraída aún por los fuegos artificiales mientras trataba de procesar todo lo ocurrido. La primera parte, dónde me acerqué y confesó su pecado, y la segunda, cuando la increpé. Pero mi mente volvía a esa expresión desafiante que nunca antes había visto en su rostro. Especialmente la segunda vez. No tenía nada que ver con la imagen que tenía de la pequeña, frágil y virginal cuñada de Steven y gemela de Sasha. El sólo hecho de que Sasha hubiera sido stripper mientras Ekaterina era todo lo opuesto era ya increíble. Y sí, me sentía confundido, intrigado y, aunque odiara admitirlo, un poco asustado. Yo, Norman, asustado. Qué carajos...Esa era una idea tan absurda que casi me reí en voz alta. Pero no podía ignorarlo. En ese momento, me di cuenta de dos cosas: 1. No sabía absolutamente nada sobre Ekaterina. Me había acostumbrado a verla como una chiquitita frágil, pero ahora me daba cuenta de que había mucho más en ella de lo que había pensado. 2. Ella no me era tan indiferente como le había dicho a Steven. Pero, por más que sintiera esa atracción, no iba a ceder a la tentación. No con ella, pues hacerlo implicaba cosas que me había jurado que nunca iba a querer tener en mi vida. Y no estaba dispuesto a romper esa promesa. La sola idea de acercarme a ella me asustaba. Sabía que, si me la cogía, no sería algo pasajero. Ella no era una de esas mujeres que tomaban todo a la ligera. Y yo no quería complicaciones en mi vida, mucho menos con la cuñadita de mi mejor amigo. No en vano elegía cogerme putas...Ellas no exigían ni hacían preguntas, y así todos éramos felices...O bueno algo así. Solté el aire con pesar...Aún así, no podía ignorar lo que sentía. Esa dureza en mis pantalones era una prueba evidente de que, muy muy muy a mi pesar, Ekaterina me atraía. Esa nueva faceta suya, esa fuerza que había mostrado, me intrigaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Me sentía atraído por la idea de descubrir más sobre ella, de averiguar qué había detrás de esa fachada de chiquitita frágil e indefensa. Maldita curiosidad de gato...En el mundo de las finanzas me había hecho millonario pero con Ekaterina... Suspiré, tomando un largo trago de mi whisky mientras trataba de ordenar mis pensamientos. Sabía que tenía que mantener la cabeza fría. Ella era un desafío, sí, pero uno que no podía permitirme el lujo de enfrentar. No cuando sabía lo complicado que sería. La sola idea me puso la piel de gallina. Y aún así, la idea seguía rondando mi cabeza. ¿Qué pasaría si me acercaba? ¿Si cruzaba esa línea que había trazado entre nosotros? ¿Podría manejar lo que viniera después? ¿Acaso podría hacerlo ella? Negué con la cabeza, apartando esos pensamientos. No, no podía. Tenía que mantenerme firme, tenía que recordar por qué había mantenido mi distancia desde el principio. Además, tenía un compromiso con Steven. Le había prometido que cuidaría de Ekaterina, que la ayudaría a integrarse en el círculo social de su nueva vida. No podía traicionar esa confianza, no por un capricho pasajero y encima con una maldita virgen. Grrrr. Yo ODIO A LAS VÍRGENES ¿ESCUCHAS CABEZA DE NORMAN? Igual ya no sabía a qué cabeza le hablaba y un escalofrío me recorrió pues muy a pesar de mí, seguía sintiendo esa atracción. Ese pequeño ángel demoníaco prometía hacerme pasar un momento difícil, y lo sabía. Y eso, con un maldito demonio, también me atraía... —¿Otro whisky señor? —preguntó el barman, interrumpiendo mis pensamientos. Asentí, deslizando el vaso vacío frente a él. Mientras llenaba mi copa, miré mi reflejo en el espejo detrás del bar. Y vi a un hombre que no sabía cómo manejar lo que estaba sintiendo. Suspiré de nuevo, llevando el vaso a mis labios. Tendría que averiguar cómo manejar esa nueva faceta de Ekaterina, cómo mantenerla a raya sin perder el control. Porque, por mucho que me asustara, sabía que no podía evitarlo. Sabía que tenía que que tenía que encontrar la mejor forma de lidiar con ella, pues se lo había prometido a mi mejor amigo. Y, en el fondo, sabía que ese sería mi mayor desafío. Las actualizaciones serán semanales hasta la aprobación del contrato.
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