El timbre sonó con insistencia, rompiendo el silencio de la noche. Olivia se sobresaltó en el sofá, dejó la taza de té sobre la mesa y caminó hacia la puerta con el corazón latiendo con fuerza. No esperaba visitas. Cuando abrió, el aire pareció detenerse. Nathan estaba allí. De pie frente a ella, con su figura recortada contra el cielo gris, el cabello ligeramente revuelto y los ojos fijos en ella como si el mundo se hubiera reducido a ese instante. Olivia se quedó inmóvil, sin saber qué decir. —¿Podemos hablar? —preguntó él, con voz baja pero firme. Y de algún modo la sorprendió, pues él siempre le había parecido... débil. Ella asintió en silencio y se hizo a un lado para dejarlo entrar. Nathan pasó sin apartar la vista de su rostro. Cerró la puerta con suavidad y se detuvo en medio d

