Un grito como de gloria atravesó los tímpanos de Nahuel, que tuvo que levantarse como pudo y esquivar el terrible machetazo de la mole de carne, que sonreía con sus pocos dientes. Un segundo movimiento con el arma estuvo a punto de cortar uno de los hombros de Nahuel, que se apartó justo a tiempo y trató de hacerle frente aun siendo consciente de que no podría ganarle. Si no hubiera sido por la repentina caída de aquel deforme, producto de toda la asquerosa sangre esparcida en el suelo, quizá Nahuel no hubiera tenido ninguna oportunidad. Fue ahí que tuvo el impulso de arrebatarle el machete. Intentó y forcejeó un buen rato, hasta que lo logró. El monstruo intentó levantarse, pero era demasiado torpe. En lugar de usar el machete, que hubiera sido lo lógico en esa situación, Nahuel comenzó a

