Nahia y yo caminamos por el centro comercial, mientras nos reímos y hacemos bromas respecto al hecho de que Alondra hoy andaba de muy buen humor y se fue temprano de la oficina, por lo que nos dejó ir también a nosotras y a los demás trabajadores. Alondra era una mujer muy extraña, porque cuando estaba de buen humor, todo se iluminaba a su paso, pero cuando estaba furiosa, todos nos dábamos cuenta de inmediato por su mala vibra. Se podría decir que era muy intensa respecto a sus emociones, lo que en realidad, en momentos como estos nos beneficiaba, porque habíamos aprovechado para escaparnos al centro comercial por ropa y algunas cosas para mi ahijado. —Atticus llega mañana a la ciudad, por fin, luego de dos semanas —me cuenta Nahia mientras recorremos el exterior de algunas tiendas de r

