Mi corazón estaba acelerado, la respiración me constaba cada vez, mientras las lágrimas cubrían mi rostro por completo, mis pies corrían detrás de la camilla que llevaba a la velocidad del rayo los paramédicos, mientras ellos hablaban entre ellos. —Hombre de veinticinco años de edad, con herida de bala en el hemotórax izquierdo sin orificio de salida- dice los paramédicos mientras miraba a mi amigo por última vez, Matías entraría a quirófano y no sabía si lo iba a volver a ver o no. Me quedé esperando en aquel pasillo largo de ese hospital mientras mi mente se imaginaba lo peor. Minutos más tarde, Aarón llega a mí. —Cariño… —suelta abrazándome. —No aguantaré esta pérdida Aarón — lloré en su regazo. —Matías es fuerte ya verás que los médicos nos darán buenas noticias. —¿Qué ocurrió c

