—¡Ah! más, por favor, m…más Ju…Julián. —No, de rodillas —la mirada del hombre casi daba miedo—. De rodillas, no me gusta repetir. El pelo de la joven caía por la espalda y en medio de esta, una incipiente gota de sudor rodaba hasta el inicio de su prominente trasero. Sus labios rodearon lentamente el m*****o erecto del hombre que había hecho con su pelo un nudo alrededor de sus grandes manos. —Vamos a parar cuando yo lo ordene. ¿Entendido? —la pregunta en forma de susurro, puso los pelos de punta en la rubia y sólo pudo afirmar con un movimiento de cabeza y sus ojos llenos de placer. Una hora de actividad física, no parecía ser suficiente para Julian, que por actividad física se refería a un momento lleno de placer s****l, donde él mandaba y la mujer obedecía. Sus mujeres favoritas

