Si algo faltaba para que sintiera que el universo conspiraba contra ella, había sucedido esta mañana. El habitual comportamiento dulce y amigable del perro dálmata de la señora Fox mutó por una lesión y la mordió con furia cuando quiso ayudarlo. La mano izquierda, la zona de los dedos mayor e índice habían sido afectadas y le punzaban dolorosamente. Había rechazado el intento de su jefe por llevarla a un hospital para que la revisaran, y ahora lo lamentaba. Al menos el dolor le hacía percatarse de que estaba viva. Que su cuerpo vibraba y pedía ser cuidado, preservado. Se había concentrado tanto en sus heridas emocionales que había dejado de lado que el que había sido vilipendiado era su físico. En honor a la verdad, no había hecho mucho por recomponerlo. Le negó nutrientes, porque las gan

