Al transcurrir la cena se distendió y apreció con mayor vigor su sencillez, su honestidad, su esencia y cada aspecto lo cautivó más, al punto de preocuparlo. No había experimentado tal comodidad, tal necesidad de escuchar y entender a otra mujer como a ella. El que se abriera a contarle detalles y aspectos de su vida personal que iban más allá de lo que le hubiera revelado a otra persona era de por sí conmovedor. Ella le confió algo que comprometía su seguridad, en definitiva, pues cambiar de vida y nombre se producía cuando alguien temía por lo más básico: su integridad. Y confiaba en él como para hacerle saber la verdad. No podía más que atesorar eso y actuar honrando esa confianza. No haría nada para dañarla o ponerla en peligro, jamás. Refrendaba cada una de las frases que le había d

