La habitación era… sobrecogedora. El olor a cuero se mezclaba con el de una fragancia especiada que no pudo discernir. En el centro de la habitación, tenuemente iluminada reinaba una cama enorme, probablemente californiana, alta y con lujuriosas sábanas negras. De su apoyacabeza colgaban cuerdas y esposas y encima de todo, en el techo, distinguió un gran espejo circular. Las luces, estratégicamente colocadas, permitían separar distintos espacios y creaban rincones, casi pequeños escenarios. En una de las paredes había una colección de látigos, palmetas, esposas, antifaces y otros artilugios que desconocía. Una enorme X de madera llamó su atención y la hizo emitir una exclamación. En cada una de sus extremos había elementos de sujeción. Había mucho para ver y todo hizo que se sintiera inm

