—Eso pienso también yo—guiñó un ojo y le sonrío, disfrutando de su turbación. Jace lo reñiría por jugar con descaro con la timidez de esta mujercita, mas lo estaba pasando bomba. Ella se enredaba con las palabras y sus nervios estaban a flor de piel. Él le provocaba eso y lo motivaba. Pero le dio alivio al cambiar el tema. —Dijiste que todavía no tienes un vehículo como para hacer tus entregas. Eso es algo que puede jugar en contra en tu negocio—le aconsejó. Ella asintió vigorosamente y se disculpó, avergonzada, suponiendo que él se estaba quejando. —Sí, mil disculpas—su ceño fruncido en preocupación fue inmediato —. Debería haber contratado a alguien, claro—retorció sus manos. —Deja tus manos—ordenó, agravando su voz en su tono dominante y ella se paralizó, sus ojos grandes, adorable

