Hera. Ella me miró fijamente y asintió con lentitud —Lo siento. —Esta bien. Creo que ya es hora de irnos. Es —Por supuesto. Salimos de la habitación y emprendimos nuestro camino por le largo pasillo en dirección al ascensor. —¿Cómo es que llegaste hasta aquí? —la observé sobre mi hombro. —Bueno… resulta que te llamé y quien respondió fue tú padre, entonces él me informó que estaba hospitalizada en la clínica —las puertas del elevador se abrieron y ambas subimos. —Ya entendí —marqué el número de piso. —Si, en ese momento andaba con mi hermano y le dije que me dejara aquí. Entonces aquí estoy, debo estar con mi amiga —ella sonrió mirándome. Dejé caer mi cabeza sobre su hombro y sobe su espalda —Gracias, Nina. Al salir de la Clínica Anton estaban esperando afuera, se encuentra habla

