Narrador:
—Tu apelación en el tribunal fue aprobada, el consejo va a revisar tu caso —Luego de eso solo hubo un repiqueteo que indicaba que la llamada había sido cancelaba.
Nuestro personaje se quedo con los ojos fijos mirando al vacío, no lo podía creer, tenia el celular en la mano mientras en su cabeza empezaba a asomarse una pequeña luz entre todo los demonios que le había tocado enfrentar en los últimos años, pero todavía faltaba otra batalla. La morena lo miraba con curiosidad, todavía no entendía que significaba esa llamada sólo se quedo esperando una respuesta . Mientras esto sucedía en la policía se estaba preparando para dar un golpe bajo, el tablero lucía lleno de colores, fotos y artículos que servían para construir un caso sin embargo desconocían su paradero.
La luna iluminaba la penumbra mientras Martín y Cecilia cenaban, habían hablado durante toda la tarde. En pocas horas lograron congeniar bien, durante la cena Cecilia recordó el tatuaje que alguna vez le vio en la sala de la habitación .
-Oye te puedo preguntar que significado tu tatuaje en el brazo izquierdo.
—Me lo hice para poder entrar en la pandilla mientras estuve en la cárcel, antes de eso jamás había marcado mi piel pero la necesidad de supervivencia me llevo a hacer cosas inimaginables —.Los ojos de Martín se llenaban de un gris sombrío. La cena término en silencio Martín seguía sintiendo ansiedad; sabia que si su caso iba a ser revisado tendría que volver al infierno del cual había huido pero si ese era el sacrificio para lograr la libertad estaba dispuesto a hacerlo. Sus ojos seguían pegados en la cocina, mas bien en Cecilia; quien lavaba los trastes para tratar de pensar que haría ahora con su invitado; nuestro personaje seguía repitiendo aquella escena cuando la vio por primera vez, le pareció hermosa, todavía lo sigue siendo. Pero sabía que no podía arriesgarse a intentar algo, hasta ahora tenia que verla como una futura amiga, después de todo había demostrado ser una aliada: lo ayudó con su vendaje que ahora lucia mejor y no lo delato con la policía.
La esponja metálica chirriaba contra las hoyas, los platos goteaban y el agua no dejaba de correr por la cañería, Cecilia trataba de ocultar sus pensamientos por aquel joven que si bien en un principio le pareció intimidante ahora lo veía con ojos de humanidad quizás algo mas.
Los chicos siguieron hablando toda la noche sobre sus vidas. Esta vez era él turno de la enfermera quien le contó de su vida en Granada: su padre, su
Infancia, como llego al país cuando apenas era una puberta y todo lo que su mama sufrió para sacar a tres hijos adelante sola en un país ajeno al suyo y donde no conocía a nadie. En una de sus relatos la mujer observó un manchón oscuro que traspasaba la camisa.
—Creo que es hora de cambiar tu vendaje —Interrumpiendo su relato.
—ok —Observando su camisa, para luego quitársela.
Los ojos verdes de nuestra mujer se posaron en su torso desnudo, tenia un par de cicatrices junto con una excelente musculatura que lo hacia lucir como un dios griego, no era la primera vez que lo veia pero seguía sintiendo la misma sensación. La mujer se acercó para poder limpiar la herida, mientras lo hacia; sus fosas nasales se impregnaron de un suave olor a canela mezclado con un aroma particular que desprendía su piel. Se cara estaba roja,lucia nerviosa tratando de contener el aliento, intentaba mantener la cabeza gacha no quería mirar la expresión de Martín quizás por miedo o porque tal vez estaba segura que había una posibilidad de que sintiera lo mismo, después de todo este no se alejó ni un poco. La manija del reloj colgado en la pared seguía haciendo tic tac, el grifo del fregadero seguía goteando y la brisa retumbaba las ventanas en aquella noche iluminada por la luna. Ellos seguían pegados tratando de ignorar la situación, Cecilia sintió una mano que la halaba hacia arriba, era Martín, sus miradas se encontraron mientras el sujeto sintió un deseo que recorrió su cuerpo al ver como esas esmeraldas verdes lo miran con tanto anhelo. En ese instante el lo supo, ambos lo sabían. Cuestión de segundos fue lo que tardaron para que sus labios se juntaran.
Esa noche las caricias no pararon, los besos cargados de humedad y pasión eran el alimento que tanto necesitaban
dentro de tanta soledad, sus manos recorrían el cuerpo del otro parecía como si se necesitaran para vivir. Cecilia jadeaba, Martín gruñía mientras observaba como su mujer se aferraba a la sabanas blancas de aquella cama ajena a él pero no siento mal, ni un poco. Esta era la noche, su noche donde solo se escuchaban los sonidos del otro haciendo volar la mente de Martín y llevar a otro universo a Cecilia. Parecía que no era suficiente, el elixir de la vida los estaban conquistando con cada embestida, con cada vaivén sentían un escalofrío recorriendo por sus cuerpos, hoy ambos eran un sólo organismo, un sólo cuerpo, hasta que en un jadeo ensordecedor calleron juntos sobre sus cuerpos sudados, el néctar de la vida se había desprendido dentro del vientre de Cecilia y ella lo sabía... Esa noche se quedaron abrazados pensando en que la vida no les podía deparar nada malo.