Martín:
No se cuanto paso desde que llegue a prisión, ya había pasado la revisión médica, mi uniforme naranja me abrazaba de forma degradante mientras me encontraba en mi celda repasando los recuerdos de las ultimas 24 horas: Cecilia, la noche maravillosa, la redada y la vuelta a prisión. Estoy sorprendido de que todavía no me mataran si no lo hacia la corte lo haría la pandilla pero a pesar de todo no me encontraba paranoico, creo que me sentía seguro en esos barrotes, sin embargo no se cuando duraría esta sensación de calma.
Había caído la noche, el día no tuvo novedades pero sabia que el verdadero reto empezaría mañana. Mientras realizaba flexiones me preguntaba ¿Dónde había quedado mi vida? Porque claramente esto no lo era pero si esto no es vida ¿Como llamar esos segundo horas días y años que cada preso pasa dentro de estas cuatro paredes? ¿Que le paso a ese niño feliz que soñaba con comerse al mundo? ¿En que momento mis decisiones condenaron mi destino? Me encontraba dentro de esas cuatro paredes con esas interrogantes, cuestionandome en que quizás las cosas pudieron ser de otra forma, tal vez si, tal vez no. Eso no lo sabía pero lo que si sabía era que en el momento que la noticia de mi regreso se esparza comenzará mi calvario
Cecilia:
Habían pasado horas desde aquella pregunta, tenia hambre sed y sueño, seguía en esa sala fría sin comida, agua y lo mas importante mi libertad. Pero tenia que ser fuerte si quería ayudarlo tenía que encontrar la forma de salir de ahí; espere paciente mientras el reloj avanzaba trate de mantener la calma y no enloquecer, pasaron dos o tres horas mas. Hasta que entro un policía, el mismo que había visto cuando desperté, era n***o alto, muy alto, corpulento y con una nariz chata. A diferencia de esta mañana no me miraba con desprecio quizás tenía lástima o creía en mi Inocencia, Mi muñeca lucia maltratada tenía algunos rasguños y un poco de sangre. Tenía que convencerlo de que me quitara las esposas.
—Oye necesito ir al baño —Señalando mi mano atada a la mesa.
—Lo siento señorita, yo no puedo hacer eso —dijo el oficial en tono bajo.
—Bueno entonces me orinare aquí —dije con sarcasmo -tengo mas de 8 horas aquí y ustedes no me han liberado, ni siquiera me han dejado llamar a mi abogado. !Esto es maltrato deberían denunciarlo por tortura! -traté lucir furiosa
—Señora calmese, si hago eso me meterá en problemas —.Su rostro lucia nervioso incluso preocupado. Quizás lo estaba logrando.
—!Como me voy a calmar pedazo de mierda incompetente. Me desperté atada a una mesa su detective me trata como me delincuente,tengo hambre, frío y quiero ir al baño¡.
Para ese punto ya había logrado enloquecerlo. Decidió liberarme, me acompañó hasta el final de un pasillo, donde se encontraba el baño de mujeres. Al atravesar el umbral dislumbre un baño con divisores de madera verde, algo comidos por el tiempo una luz parpadeante que nunca alumbro bien y el piso n***o de porcelana que reflejaba mi estropeado y desaliñado reflejo. En el fondo ví una ventana no era muy grande pero por ahí podría escapar , me subí a uno de los inodoros la empuje pero no abría, volví a intentarlo pero nada. En eso escuche al policía llamarme
—¿Señorita esta bien?.
En ese momento entre en pánico no tenía mas tiempo, tome la tapa del tanque del inodoro. Lo lance varias veces contra el vidrio, el sonido retumbó en todo el edificio una y otra vez hasta que se quebró en mil pedazos. Sentí la tensión de los oficiales detrás de la puerta, estaban haciéndome preguntas ¡iban a entrar¡ tenia que atravesar la ventana cuanto antes.
Caí sobre mi espalda, me encontraban sobre un callejón oscuro, lo había logrado. Ahora tenia que buscar aquel café. Necesitaba encontrar al sujeto para ayudar a Martín. Me fui hasta un ciber a unas 10 cuadras de ahí entre lo mas rápido que pude , no quería levantar sospechas, busque el cafe, la aplicación me llevara hasta la famosa cafetería del sur.
No quedaba en un barrio marginal, de hecho pensé que al encontrarse en esta parte de la ciudad, el sur, iba a ser algo mas horrendo, pero no. Era bonito un edificio de color blanco de dos pisos. Abajo estaba la cafetería con amplias vidrieras, una entrada giratoria, mesas antiguas negras y plantas que adornaban el exterior.
Al entrar fui directo a la barra metálica, pregunte por Joaquín. Uno de los chicos me hizo pasar por un pasillo oscuro, sucio y estrecho; Distaba mucho de lo que era la cafeteria; parecía que iba rumbo a un encuentro con el mismísimo capo. Hombres armados no dejaban de mirarme, estaban tan nerviosos como una serpiente, sino fuera por el mesero estaba segura que cualquiera de ellos iba a disparar. Ellos no eran la serpiente sino el veneno que Joaquín tenia para destruir todo a su paso.
El mesero les dijo algo y ellos me abrieron la puerta, no sabia que era lo que iba a enfrentar de otro, pero repetía en mi mente que esto era por Martín.
Narrador:
Al otro lado de la frontera mientras Cecilia se aventuraba por aquel pasillo Martín luchaba por su vida. Sangre volaba por el aire, mientras los estruendos de cuerpos impactando entre si retumbaban en la habitación. Según la cámara de seguridad, 20 minutos antes Martín se encontraba disfrutando de su cena, junto con el resto de la prisión, pensando en cada uno de los momentos de su vida pero al volver a l realidad ya no había nadie, volteo para observar el reloj en la pared, todavía faltaban 20 minutos más para terminar la hora de la cena. Sabía que esto era malo agarro un cuchillo y lo escondió en el bolsillo de su overol, segundos después tres tipos negros se adentraron por la puerta del comedor, a tiempo que dos oficiales situados entre el pasillo que comunicaba el comedor con las celdas aguardaban para que nadie viniera. Martín paso saliva, empezaba su infierno. Golpes y crujidos de huesos rompiéndose empezaron a escucharse en la sala, jadeos de alguien asfixiándose mientras la alarma sonaba y todo el presidió se tiño de rojo, los presos en sus celdas, deduciendo lo que pasaba empezaron a gritar de alegría al ver oficiales corriendo como si de un festín se tratara: golpeaban los barrotes, hacían morisquetas y decían obscenidades desde sus celdas.
Al ver como iba tornándose la pelea, los oficiales que estaban vigilando el comedor se fueron. Pero al cabo de unos minutos oficiales de seguridad invadieron la sala, nadie supo lo que había pasado, ni como describir la imagen presente en aquel comedor. El silencio impero entre los reos, dejando el sonido de la alarma roja de fondo, cuando vieron a Martín atravesar aquella puerta vivo con su cuerpo bañado en sangre dejando un rastro espeso a su paso. Su mirada esparcía odio, odio a todo aquel que trato de humillarlo en el pasado, odio a todos esos malditos presos presentes en aquel pasillo, odio al sistema de justicia pero sobre todo odio a aquel que consideró por mucho tiempo su amigo. Lo seguían tres oficiales, quienes lo mantenían fuertemente vigilado, como si de un perro rabioso se tratara y mas atrás tres bolsas con cuerpos que atravesaron el largo pasillo que comunicaba el comedor con las celdas.
Volvamos al café, donde al parecer la conversación era calmada aunque reinaba la tensión en el interior, Joaquín escuchan atentamente las palabras de Cecilia mientras ella, aunque nerviosa, explicó muy bien situación. Tres segundos mas tarde Joaquín hizo una llamada, luego de eso Cecilia se sintió más tranquila, ahora solo había que esperar.