Varias semanas después de un viaje que Zury y Gabrielle encontraron larguísimo, el rey Ozias, y el rey Bastian llevaron a las chicas a las montañas invernales de Albagard, dirigiéndolas al silencioso bosque nevado que a simple vista parecía que no había ni un alma a su alrededor. Zury quien en ese instante estaba cubierta con un abrigo de piel miraba de lado a lado comprendiendo que, ahora que se ponía a pensar con mayor detenimiento, nunca había escuchado ni visto en ningún libro que hablaran con detalle del reino de Albagard, la poca información que se encontraba parecía escrita por personas que no parecían testigos oculares reales, y en ese instante Zury lo comprendía, porque hasta ahora ella no tenía idea que ese bosque con aires místicos y misteriosos era el reino donde habitaban las

