Capítulo 8 MAX Mis empleados se movieron y al poco tiempo de pedirlo, Susan se apareció en mi recámara acompañada por el doctor, uno que siempre estaba a mi disposición y a mis órdenes. Él me miró al lado de Sofía y haciendo todo lo que estaba en mis manos para que ella pudiera despertar. —Buenos días, señor—saludó el doctor—dime ¿qué le pasa a la joven? —Buen día, doctor. Ella se ha desmayado—respondí en un tono calmado—ha recibido un sobresalto y no he conseguido que reaccione. —Voy a revisarla, por lo que le pido que me conceda espacio. Por favor. —Por supuesto, vamos afuera Susan. Susan y yo, salimos de mi recámara. Ella se quedó recargada en la pared, mirando como yo daba vueltas y caminaba como león enjaulado llevándome ambas manos a la cabeza. Estaba desesperado y preocupado

