Eddy empezaba a desesperarse. Odiaba tener poca libertad de movimiento. Seguía esposado dentro de la oficina mientras Colette hablaba afuera con el hombre que los había interrumpido. Se levantó de la butaca y caminó hacia la puerta. Por una rendija pudo ver que se trataba de un sujeto de más de sesenta años que portaba el uniforme de vigilancia. Por los movimientos de las manos pudo deducir que discutían, pero no lograba escuchar la conversación, hablaban muy bajo. Cuando ella notó que él estaba cerca se enfadó y cerró la puerta impidiendo que cotilleara. Eddy resopló con fastidio y dio vueltas por la habitación sin saber qué hacer. Se sentó sobre un escritorio porque la butaca había quedado inservible. A los pocos minutos, Colette entró con postura rígida y clavó en él una mirada

