PUNTO DE VISTA DE DRAVEN
Mi mandíbula se tensó mientras observaba a Cara dar pasos alejándose de mí. Podía sentir las manos de Tessa enroscándose alrededor de mi brazo, mientras sus labios se curvaban hacia arriba al mirarla. Un tic recorrió mi ceja, pero no salió ninguna palabra.
Mis ojos siguieron a Cara mientras abandonaba mi oficina. Parecía agitada, su rostro teñido de un leve tono rosado. Podía oler débilmente su aroma a lavanda. Tomé una respiración lenta, dentro y fuera, pero Tessa estaba decidida a sacar lo peor de mí ese día.
Arranqué mi brazo de las suyas con fuerza y di unos pasos atrás con las manos en los bolsillos, dedicándole apenas una mirada.
—¿Qué demonios, Draven? ¿Cómo pudiste dejar que se acercara tanto a ti? ¿Acaso has olvidado el pacto que hiciste con mi padre? Vas a ser mi esposo —sus palabras salieron rápidas, en ese tono agudo. Cerré los ojos, apretando los dientes.
—¿Por qué estás aquí? —Mi tono fue profundo y frío. Su actitud durante los últimos días me estaba sacando de quicio.
—¿Eso es lo que vas a decirme, eh? —Suspiré ante su respuesta y caminé hacia mi silla, pero antes de llegar sentí su mano agarrar mi brazo mientras se interponía en mi camino. Una vena se marcó en mi cabeza.
—No puedes despedirme como si fuera una loba cualquiera. Soy la hija de un alfa, Draven, y no voy a quedarme aquí mientras tú andas jugueteando con esa inútil, sin loba—
No la dejé terminar. Estampé su cuerpo contra la pared. Mis manos actuaron por sí solas, rodeando su garganta mientras Donnie, mi lobo, avanzaba. Apreté el agarre con una pequeña sonrisa en el rostro. Me encantaba ver cómo el color de su cara se volvía poco a poco pálido.
—¿Has olvidado quién soy, Tessa? —siseé, con veneno en cada palabra. Podía sentir la satisfacción en mi cuerpo al verla perder el aliento lentamente.
—Dra… D… por favor… yo no… —intentó hablar, pero apreté más, cortando su voz. Siguió arañando mis manos mientras lágrimas caían de sus ojos desorbitados.
—Esta es tu última advertencia. Nunca olvides tu lugar si valoras tu vida —susurré con dureza, soltando mis manos. Ella se deslizó hasta el suelo, tosiendo y jadeando, intentando llevar aire a sus pulmones.
—Fuera —escupí, observando su forma temblorosa mientras agarraba su bolso.
Me dedicó una mirada.
—Si no puedo tenerte yo, tampoco lo hará Cara —y salió a zancadas de mi oficina.
—Mierda —respiré.
Arya, mi asistente, entró en la oficina temblando mientras se disculpaba sin parar, con la cabeza gacha.
—Si veo a Tessa en cualquier parte de este edificio, estás despedida —la advertí. Asintió frenéticamente y salió.
Inhalé una bocanada de aire y regulé mis emociones. A pesar de nuestras mutuas desavenencias, no podía sacarme a Cara de la cabeza.
Cara estaba completamente sola y algo sobre la muerte de sus padres me inquietaba. Aun así, sentía el impulso de pasar mis manos por su cabello y ver cómo sus hombros se relajaban. ¿Por qué estaba pensando así?
—Así que vas a ser esposo pronto —dijo Jason al entrar, tomando asiento sin pedir permiso.
—Así parece. Finalmente aceptó. Estoy seguro de que la presionaron mucho —murmuré, con una sonrisa instalándose en mis labios mientras me sentaba.
—Pero no entiendo por qué propusiste la alianza. ¿Estás enamorado de ella? —preguntó Jason, ganándose una risa mía.
—No puedes culparme por pensarlo. Tus acciones lo ponen en duda —dijo, con un leve ceño en su rostro.
—Me conoces mejor que eso. Y si lo que dices fuera cierto, ¿por qué Cara? —Las líneas en su frente se hicieron visibles mientras entrecerraba la mirada hacia mí.
—Entonces, ¿por qué casarte con ella? Por lo que veo, debería ser ella quien propusiera la alianza, no tú —dijo como quien constata un hecho.
—Ahora tenemos Ridgecrest, y todos sus socios comerciales se han ido. Su compañía está literalmente en ruinas —Hizo un buen punto. Cara no estaba en una posición favorable y a mí me encanta explotar a mis rivales, pero…
—Mira, Jas, hay un dicho que siempre repetía mi abuelo: mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca. Solo estoy haciendo eso —respondí mientras acariciaba el anillo de oro en mi dedo, observándolo. Las tres marcas de garra en plena exhibición. Mis ojos volvieron a Jason, viéndolo frotarse la frente.
—Es un matrimonio de conveniencia. Ambos obtenemos beneficios. Además de su compañía, no es una mala elección como esposa.
Alzando la vista, sonrió ligeramente.
—No me digas que ahora te atrae. Vamos, Drav, de verdad no creo que este matrimonio sea buena idea.
Ladeé la cabeza.
—¿Y por qué piensas eso?
—¿No es obvio? Llevamos décadas luchando por el poder y ustedes dos todavía no se soportan. Además, ¿quién acepta casarse en cuatro días con alguien con quien no se pone de acuerdo? —Me puse de pie, con una mano descansando casualmente en el bolsillo. Mis ojos se entrecerraron ante cada movimiento de los autos y las personas que pasaban. Donnie luchaba por tomar el control. Necesitaba correr.
—Bueno, te sugiero que tires todas tus sospechas al inodoro porque ella va a ser mi esposa. Nunca ha cambiado de forma; es tan buena como cualquier humana; inofensiva.
—Como tú digas, Alfa —respondió poniéndose de pie.
—Puse el archivo en la mesa. Toda la información que necesitas está ahí.
—¿Lo abriste?
—Por supuesto que no, Alfa, pero no fue fácil conseguirlo. —Me giré y le di una pequeña palmada en el hombro.
—Gracias, Jas.
—Cuando quieras, Draven. Me voy ya —respondió mientras salía.
Tomé el archivo de la mesa, mis ojos recorriendo su contenido.
—Mierda —respiré mientras mi cerebro procesaba la información en mis manos.
—No puede ser —susurré incrédulo. Pero estaba escrito en el archivo.
La muerte de los padres de Cara y los rumores sobre cómo fueron asesinados me intrigaban. Había hecho una investigación personal y descubrí que tenían un símbolo tallado en la pared. Las tres marcas de garra.
Suspirando, me hundí de nuevo en la silla y cerré los ojos. Un recuerdo destelló en mi cabeza.
*****
—¿El anillo de oro? Es bonito, ¿dónde lo conseguiste? —preguntó de repente Cara.
—¿Por qué? ¿Ya estás metiéndote en el papel? —La vi poner los ojos en blanco y despedirme con un gesto de la mano.
—Es de mi abuelo —dije finalmente.
—Un recuerdo familiar, pasado a mí —dije con sinceridad.
*****
Abrí los ojos, pasé las manos por mi cabello mientras las piezas encajaban.
—Ella me sospecha —respiré. Pero eso no cambiaba nada. Aún me casaría con ella. Lo único que cambiaba era mi razón para casarme con ella.