I ¿Café de siempre?

4013 Words
Borges solía decir: ‘Yo nunca busco temas, dejo que los temas me busquen y yo los eludo, pero si el tema resiste, yo me resigno y escribo’. Como novelista ferviente que soy por el romance, me he topado con muchas cuestiones reales las cuales he plasmado en mis escritos para que mis lectores reflexionen y aprendan en cada leída digital. Debo decir también que, a lo largo de mi camino, me he convertido en una especie de buzón gigantesco, deseosa por recibir comentarios, historias y experiencias que marcan la vida de todo aquel que encuentra a mis preciados bebés en las redes. Hace apenas un par de semanas, logré al fin concluir con la trilogía que tanto anhelaba que saliera a la luz. Llevaba seis años guardada esperando ser desempolvada; anhelando que leyesen cada párrafo lleno de amor, intriga, diversión y toda clase de sentimientos encontrados. Confieso que tuve muchísimas noches sin poder dormir a causa de escribir, editar, volver a iniciar una idea y seguir editando para que quedara lo más entendible posible. Algunos piensan que estoy loca por sacrificar mi tiempo en algo que a veces no me reditúa como según ellos debería, pero ¿te digo algo? Cuando leo un ¨soy tu fan¨ ¨Amo tu manera de escribir¨ ¨tal párrafo me llegó al corazón¨, sé que mi esfuerzo vale la pena; si, toda… toditita la pena. Esta mañana me he tomado el tiempo para descansar un poco y estirar las piernas por la Ciudad de México. Vivo a casi una hora del centro de la ciudad, pero siempre que puedo voy hacia Coyoacán; la ciudad más hermosa, romántica y pintoresca de los municipios chilangos. Nos encontramos en plena primavera, en el mes más caluroso, húmedo y lluvioso del año. ¿Les confieso algo? Es cuando más me encantaría caer rendida bajo una palmera frente a las playas de Veracruz o Oaxaca. Pero bueno, ¿qué le vamos a hacer? Este es el paréntesis que por el momento me puedo permitir de mis actividades diarias. —Buenos días—digo acercándome al mostrador de una de las cafeterías que se ha convertido en mi favorita desde que probé su café en grano: el Moheli. —Bienvenida a Moheli—dice Diego, el joven que siempre me atiende cada vez que me detengo en esta sección de Coyoacán—. Eres Roxana, ¿verdad? La escritora. —Si, soy yo—sonrío sacando mi cartera gris—. ¿Cómo estás? —Ya sabes, trabajando de lunes a viernes para poder pagar mi carrera de medicina. Pero no me quejo, ¿eh? Me va bastante bien—toma uno de los vasos blancos con gerberas rosas y anota mi nombre—. ¿Te sirvo lo mismo de siempre? ¿Café con licor de menta y dos churros rellenos de Nutella? —Por favor—digo dándole un billete de doscientos—. No vengo muy seguido, pero sabes lo que siempre pido para beber. ¿Cómo lo haces? —Digamos que estoy tratando de llamar tu atención para que me incluyas en alguno de tus libros. —No hace falta—sonrío—. Puedo hacerlo sin problema. —¿Tendré mi propio personaje? —Solo si escribes alguna frase nueva para mí en el vaso. Me gusta leerlas. —Café con licor de menta, churros rellenos y una frase poética salen en quince minutos—sonríe entregándome mi cambio junto al ticket—. Ciento veinte de cambio. —Estaré en las mesas de la terraza—digo tomando mi mochila y los billetes—. Gracias. —Para servirte—me guiña el ojo—. Ya estoy contigo. Camino por el pasillo de regreso hasta la entrada de la cafetería y escojo una de las mesas verdes de la pequeña terraza lateral. Me quito mi gabardina larga, la cuelgo en el perchero junto a la mochila y me acomodo bien en la silla. Para ser martes, no hay demasiada gente en el sitio. El parque bicentenario, que se encuentra justo cruzando la calle, está casi vacío, tranquilo y sin vendedores ambulantes. El tráfico tampoco se ve pesado teniendo en cuenta de que estamos en la Francisco Sosa, una avenida principal del centro de Coyoacán. —En pocas palabras, estoy teniendo un excelente día—susurro mirando los frondosos árboles de la vereda. La canción Click de Camila suena por los parlantes llenando el lugar y haciéndome sonreír al instante. Este grupo fue, es y será siempre uno de mis favoritos. Tiene unas letras tan increíbles, una melodía tan pegajosa que es imposible no saberse al menos una canción de ellos. —Y pensar que estuve a punto de conocer a Mario Domm hace años atrás—digo recordando cuando me encontré a todo el Staff en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. En aquél entonces tendría unos dieciocho años y debo decirlo, mi locura por Mario estaba a tope. Tenía mi mp3 repleto de sus canciones, mi teléfono lleno de fotos, videos y entrevistas. En fin, toda una fangirl de mi Mario Alberto Domínguez Zarzar. Una lástima que se me haya casado tan pronto. Podría haber sido feliz conmigo y… Bueno no, olviden esa parte.  ¡Ah!, y no le digan a nadie, pero, aún lo adoro como la primera vez que lo conocí y suspiro cuando escucho su dulce voz por la radio. —Mi mundo se volvió multicolor, y puse en pausa, para estar cerca de ti—canto moviendo mi cabeza de un lado a otro—. Un beso a la pantalla, siento que mi alma la pusiste on fire… —No sabía que podías cantar tan bien—me interrumpe una voz gruesa, dulce, pero cautivadora a mis espaldas—. Buongiorno, bella ragazza. —Tienes un tono de voz tan particular que podría identificarte en cualquier sitio sin siquiera mirarte—respondo sonriendo. —Lo sé—siento como se acerca gracias a su suave respiración en mi oreja. Coloca su rostro al lado del mío dejándome ver su perfil tan varonil—. Com'è la tua giornata? (¿Cómo va tu día?)—susurra dándome un beso en la mejilla. —Bastante bien—digo tratando de no sonrojarme con su acercamiento tan personal y el perfume tan delicioso que lleva impregnado en su ropa—. Pero siéntate, por favor. ¿Quieres un macchiato? —¿Sirven macchiato en este lugar? —pregunta rodeando la mesa para sentarse en la silla de enfrente. Desabotona su saco color crema y se quita los lentes oscuros de sol. —Per favore, me ofendes—digo jugando con mi cadenita de oro—. Tienen todo lo que quieras beber. Me mira unos cortos segundos, acomoda su cabello con los dedos y llama a Diego quien, dicho sea de paso, ya trae mi orden en la bandeja. —Buenos días—dice colocando mi café en la mesa junto al platito de churros—. ¿Desea algo de beber, señor? —Grazie. Me gustaría un macchiato y una orden de cornetti con Nutella, per favore. —¿Cornetti? —dice Diego observándolo con atención—Hijole, disculpe, pero no sé lo que es eso. —Me refiero a los cuernitos, croissants—responde—. ¿Medialunas? —¡Ah! Bieeeen. Entonces una orden de croissants con Nutella y un macchiato—apunta en su libreta azul—. Tengo simple, caramel y latte. ¿Cuál le gustaría? —Caramel—responde sonriéndome—. Es mi preferido para las lunghe conversazioni (conversaciones largas). —Ya veo para donde vas, Fabio Girardi—digo probando mi café—. Mmmm, Diego. Esto está riquísimo. Muchas gracias. —Para servirte. Me alegra que te guste—dice asintiendo—. No te olvides de leer mi frase. —No te preocupes. Es más, le tomaré una foto como hago siempre. —De acuerdo—sonríe—. Enseguida regreso con su orden, señor. Con permiso. Lo miro regresar hacia el interior de la cafetería y desvío mi vista hacia Fabio quien no ha dejado de echarme los ojos con curiosidad. En este pequeño punto de espacio te preguntarás cómo puede ser posible que un personaje se salga de un libro, ¿no es así? Bien, sería demasiado complicado de explicar, pero supongo que es parte de la magia que los escritores poseemos para presenciar este tipo de acontecimientos y obvio, narrarlos para ti. Además, como bichos raros pero luminosos que somos, podemos hacer lo que queramos con nuestros personajes, lugares, tramas y emociones. Si, así de poderosos somos. —Y bien, ¿en qué puedo ayudarte, querido Girardi? —digo calentando mis manos con el vasito de café—Admito que no esperaba recibir tu visita tan pronto. —¿Quieres decir que ya sabías que vendría? —Eh, algo así—digo tomando un sorbito con cuidado de no quemarme—. Sé lo impulsivo que eres la mayoría de las veces y las ganas tan urgentes que tenías de conversar conmigo desde hace meses. —¿Tanto así me conoces? —Sip—asiento con una sonrisa—. Ahora que estamos en esta burbuja, dime, ¿qué necesitas? —No digas eso—hace una mueca de disgusto—. Me recuerda a Clara. —¿A tu fiorellina? —Ya no lo es más, ricordi? (¿recuerdas?) Se fue lejos con ese príncipe de Estambul. —Azad Özmen. Si, lamento esa parte, pero sabías que pasaría—digo quitándole la marca de labial al borde de mi vaso—. ¿Realmente crees que lo tuyo con ella habría funcionado de verdad? Digo, yo puedo decir muchas cosas, pero, entre tú y yo, eres el único que sabe si lo que sintió por ella fue real, un capricho o simple obsesión. —Ragazza, numero uno: No me obsesiono con nadie, tenlo bien presente—responde enumerando con su mano—. Numero dos: No me gusta perder ni mostrar debilidad. Muchos dicen conocerme, pero no están ni cerca de averiguar lo que hay en mi cuore y estoy bien con eso. Tercero: Teniendo en cuenta mi vita de empresario y las ambiciones de Clara por la música y una familia al estilo tradizionale, concluyo en que quizás lo nuestro no habría funcionado a largo plazo. No obstante, es pura suposición. ¿Cómo saberlo? Si apenas llegada de Londres se fue de Roma corriendo a Estambul. Si tan solo hubiera esperado un poco, lo habríamos descubierto…—rasca su barba y sonríe de lado como todo un galán—¿Sabes qué? No sé por qué me preocupo por esto, tú eres quien al final decide nuestro destino. Tutto lo que suceda o no, es por causa tuya. —Cuidado con tu tono, Girardi—le advierto—. No olvides que cambié tu trágico final y te estoy dando la oportunidad de vivir algo diferente, más a tu altura. —Eso te lo agradezco con tutto il mio cuore (con todo mi corazón)—alza las manos a manera de tregua. Diego regresa con el macchiato caramel y lo coloca frente a Fabio junto a sus croissants de Nutella. ¿Saben una cosa? Verlo sonreír de esta manera tan fresca por un simple café me hace pensar en todo lo que todavía no saben acerca de él. ¿Que es algo presumido y se ve medio arrogante a primera vista? Puede ser. Sin embargo, ¿recuerdan aquella última carta que le escribió a Clara? Fue un paso decisivo, pero difícil para él teniendo en cuenta de que no le gusta reconocer sus errores así de fácil. Me refiero a cuando dijo que se sentía vacío en su ser y que ni el dinero ni la fama o siquiera las mujeres más hermosas de Roma, podrían llenarlo de ese amor que tanto busca en secreto. Sumado a eso, ¿aceptar que perdió frente a Azad y que ninguna de sus palabras sirvió para conquistar a Clara? Eso, fue una bomba terminal para él. —¿Te gusta el café? —pregunto con un pequeño sentimiento de compasión. —È delizioso (Está delicioso)—responde dibujando un ¨ok¨ con la mano. —Me alegra que sea de tu agrado—suspiro—. Vayamos a lo que nos compete, ¿te parece? ¿De qué querías hablar conmigo? —Preciso que escribas mi historia, ragazza—alza la mano para que no lo interrumpa—. Mi verdadera historia. —Estoy en eso. Dentro de muy poco saldrá el libro de Quiana—digo acomodando mi cabello detrás de la oreja—. Quiero narrar todo lo que viviste, cómo eres en verdad y el motivo de tu personalidad tan, mmm… especial. —No tengo una personalidad ¨speziale¨ como dices—responde dejando su teléfono a un costado de mi plato—. Mas bien soy un hombre al cual todavía no le han brindado la oportunidad de darse a conocer. —Pues ya te estoy brindando esa dicha, Fabio. ¿Quién mejor que yo que te conoce a la perfección?  Todas las etapas que tuviste que pasar, desde el abandono de tu madre hasta el… —No lo digas—me calla mirando hacia todos lados—, no aquí. —Está bien, me reservo esa información—digo sonriéndole—. ¿Te gusta la idea de que Quiana sea quien narre todo lo que vivió a tu lado? Es decir, ¿que sea ella quien incluso revele tus secretos? —Mi piacerebbe (Me encantaría)—se inclina hacia adelante y toma mi mano—. Vivimos situaciones bastante interesantes desde que nos conocimos en…bueno, tú sabes que ciudad—sonríe—. Si me lo permites, me sentiría halagado de saber todo lo que pensó apenas me vio aquella noche lluviosa. —No seas tan presumido, ragazzo—alzo una ceja—. Tomaré en cuenta tus palabras. Ya veremos que tal nos va con esta arrasadora historia entre la tapatía y tú. —¿Me dejarás hablar en alguna ocasión? —¿Durante los capítulos? —pregunto sin perderlo de vista—Claro que sí. Siéntete con la libertad de expresar lo que creas adecuado para mis lectoras. —Va bene (Está bien). Otra cosa, ¿podrías decirme cómo se te ocurrió hacerme publicidad con la foto de ese modelo tan desagradable? No se parece en nada a mí. —¿Kevin Lutolf? —abro los ojos—Pero si es muy guapo. Tiene el porte, la mirada y hasta la manera de caminar que tú tienes. Claro, no descarto que eres más alto que él, más musculoso y que tus ojos son más brillantes, pero tienen un tono café verdoso bastante similar. —Ahora también vas a decir que mi barba es igual a la de él—dobla los ojos enterrando los dedos en su cabello. —De hecho, si—asiento—. La barba es la que te resalta junto a tu increíble cabello rubio oscuro. Vamos, ¿qué querías, Fabio de mi cuore? Es lo mejor que puedo hacer. Si todas vieran lo que tengo en mi cabeza y como luces en realidad… —No lo resistirían, lo sé. —Yo estaba por decir otra cosa. —Sabes que bromeo, mia bella. La gran parte del tiempo lo hago—bebe de su taza de vidrio y quita la espuma de su labio con la lengua—. Suelto ese tipo de declaraciones para ver la reacción de las donne (mujeres). —Si, eso es muy cierto. —La mayoría de las veces se sorprenden, pero poco después les brota esa sonrisa del alma que me grita lo mucho que les agrado. —Si Quiana te escuchara, te habría puesto en tu lugar… Solo digo. —È vero (Es verdad)—dice borrando su sonrisa del rostro—. Esa faceta la dejé atrás cuando la conocí. —Aprovechando el momento entre noi (nosotros)… ¿Alguna vez te has atrevido a leer todo lo que escriben acerca de ti en mis r************* ? —Como investigador privato, i mei occhi (mis ojos) están en cada comentario de la red—frunce el ceño—, pero hay una ragazza en particular que me llama la atención y que espero le agradezcas de mi parte tutto lo que hace per me (por mí). —Si, ya sé a quien te refieres—sonrío—. Se lo diré. Estará feliz de saberlo. ¿Hay algo más que quieras decir? —Non lo so, ¿hay alguna otra cosa de la que deba enterarme? —Mmmm. ¿Sabías que muchas ragazze dicen que eres inmaduro y mujeriego, pero que tienes un corazón enorme? —Un cuore enorme—susurra mostrando su blanca sonrisa—. No sé si tomarlo como un halago o dejarlo pasar como un comentario más. —Tomemos en cuenta solo lo del enorme corazón, ¿te parece? Enfoquémonos de ahora en más a tu encaminado recorrido hacia la felicitá verdadera. —¿Cuándo sale la mia storia? —Quizás la primera o segunda semana de este mes. Todo dependerá de cuán entusiasmadas estén mis lectoras por leerte y saber más de ti. —Estaré al pendiente—sonríe colocándose sus lentes de sol—. Bene (Bueno), dentro de unos minutos debo regresar a Roma. Il vigneto Girardi no se maneja solo. —Sabes que sí, solo que te gusta siempre tener el control en todo lo que te rodea. —Buona risposta—asiente mordiéndose el labio—. Ragazza… —Antes de que te vayas—digo apretando su mano—. ¿Puedo leerte algunos comentarios que te enviaron? Serán solo cinco minutos. —Adelante. —Listo—saco mi teléfono de la gabardina y me voy directo a i********:, donde he guardado los mensajes más llamativos de algunas de mis seguidoras—. Veamos… Aquí hay uno. Dice: «Querido Fabio, a pesar de tu ¨fama¨, te considero un dios griego y un amor de hombre. Ahora, a nivel profesional, eres intachable». ¿Algo que desees responderle? —Si—expresa recargándose en el respaldo de la silla—. Mio caro (cariño mío), la fama que llevo sobre los hombros muchas veces no permite que nadie conozca ni se acerque a mi corazón; sin embargo, tú, has sabido ver más allá de mis acciones. Grazie mille. —Apuntado—digo tecleando en la pantalla—. ¿Quieres escuchar otro? —Continúa—sonríe—. Esto mi piace (me gusta). —«Fabio, tienes tanto para dar, pero eres tan vueltero al momento de expresarte… Anímate a ser y supera tu pasado». —Bellezza, solo existe verdad en tu boca. No soy expresivo como mi cugino (primo) Marco, tampoco tengo la capacidad de dar cursos de superación personal como Azad Özmen ni dejo que nadie divise lo vulnerable que io sono (soy). En cambio, debo informarte que estoy aprendiendo a soltarme y dejarme llenar por un nuevo amore que, hasta el momento, no había conocido. Grazie per tutto. —Esa respuesta la matará—susurro escribiendo sin parar—. También te dejaron esto: «No podría decirte nada, puesto que las palabras se las lleva el viento, pero si deseo que sepas que te quiero y mucho». —¿Quererme? ¿Quién es esta bambina tan speziale? —ríe mostrando su blanca dentadura—Grazie mille, principessa. Que me quieras sin conocerme del todo, es algo que atesoro. ¿No te gustaría irte conmigo a Roma? Podemos… —No voy a escribirle eso, Girardi—niego con la cabeza a punto de reír también—. No quiero ocasionar infartos en mis lectoras. —Me lo imagino—me guiña el ojo prestando atención a mi reacción. Sonríe poco a poco al ver que hasta a mí, que soy portadora de su historia, me pone algo nerviosa—. ¿Hay más mensajes? —Mmm, digamos que hay otros veinte más—respondo mostrándole la pantalla con los mensajes privados—, pero creo que los contestaremos en otro momento. —Bien, entonces me retiro—dice levantándose. Le da el último sorbo a su café y toma su saco para colocarlo en uno de sus hombros—. ¿Por qué no vienes conmigo? —¿A dónde? ¿A Roma? —sonrío levantándome también—Me encantaría, pero hay alguien que te espera ahora mismo sentada en la fuente de la Barcaccia, frente a tu pent-house—digo refiriéndome a su novia. —Ojalá pudiera tener tu cabeza para ver el futuro—susurra acariciando mi mejilla—. ¿Nos volveremos a ver? —Las veces que así lo desees—asiento—. Estoy para resolver y borrar capítulos desagradables de tu vida. —¿No podrías borrar a Azad Özmen de la faz de la Terra? —sonríe—Me ahorrarías muchos dolores de cabeza. —Es imposible, pero gracias por intentar—digo riéndome—. Oh, hablando de mi bello Özmen… —Ya vas a empezar—da unos cuantos pasos hacia atrás y ladea la cabeza—. ¿Qué pasa con él? —¿Crees que en algún momento surja alguna amistad entre ustedes? —Puede ser—alza los hombros—. Lo que sucedió aquella noche y la promesa que nos hicimos antes de que saliera del hospital… No sé, saca tus conclusiones. —Bien, bien. Esto les dará una idea a mis lectoras de lo que sucederá próximamente en Quiana. —Me alegra haber resuelto tu pregunta. Ahora, toma—dice quitándose la reluciente cadena de plata que lleva en el cuello. La pasa por mi cabeza para acomodarla con delicadeza en mi blusa—. Guárdalo como la promesa de que en algún momento nos encontraremos. —No hacía falta—expreso observándola—, sé que volveremos a vernos. Pero gracias, es un bello gesto. —Una última cosa—se acerca, coloca su mano sobre mi hombro y me mira—. ¿Te sentiste mal alguna vez por los comentarios tan negativos que recibías acerca de mí? —Fabio, aunque no lo creas—digo acariciando su brazo—, eres uno de los personajes más amados por mí, así que si, por supuesto que me dolió un poquito. No obstante, me da tanto gusto que cientos de lectoras te amen, traten de entenderte y quieran saber más acerca de ti. —De ahora en adelante, todo cambiará—sonríe—. Seré más popular que Özmen, te lo aseguro. —No puedo decir nada al respecto, pero contaré tu vida de la mejor forma posible. —Grazie. Arrivederci, il mio scrittore (mi escritora)—me da un beso en la mejilla y me abraza—. Nos veremos en Roma. —Y en muchos lugares más—digo correspondiendo a su cálido abrazo—. Vuela, Girardi. Demuestra de qué estás hecho. Se separa de mí y asiente con esa increíble sonrisa que ninguna puede ver, pero que disfruto por ustedes como no se imaginan. —Ci vediamo! (¡Nos vemos!) —da unos cuantos pasos de espaldas y se pone el saco mientras camina hasta su auto. Me siento de vuelta dando un suave suspiro y leo la frase que Diego escribió en mi vaso. —La imaginación es como un músculo. Si trabajas en ella, será más grande—digo sonriendo—. Ay, vaya que sí. Mira que permitir que Fabio Girardi salga de mis libros y de mi mente… Alzo la cabeza viendo como saca la mano por la ventana a modo de despedida y se desvía de la calle desapareciendo entre los demás autos. 
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