Dentro era una pequeña alcoba. Estaba provista con un vestidor por la pared y una cama por la ventana, junto con una simple silla pequeña. Y, echada en la cama estaba una chica, quien parecía tener siete u ocho años de edad. La palidez en su rostro era evidente incluso debajo de la luz de la luna. Su cuello era delgado también, con los hombros asomándose. Tras notar a su madre, la chica levantó sus párpados levemente, y después ella me miró. Eeh, mientras estaba inmóvil con ese pensamiento, esos labios, careciendo de color, formaron una leve sonrisa. La madre extendió su mano derecha, sosteniendo la espalda de la chica. En ese instante, el cuerpo de la chica se dobló, agarrado por un ataque de tos. Esas trenzas marrones claro se agitaron débilmente sobre la espalda cubierta

