Sé que el maldito no está en la casa pero es imposible no sentirme nerviosa, supongo que ingreso por el balcón, siempre lo dejo abierto para que mi habitación se mantenga fresca, algo que jamás volveré hacer. -Ven y recuéstate cariño, te traeré un té.- -Me cambiaré de ropa, quiero algo más fresco.- -Yo te traeré un vestido, tú solo siéntate en la cama.- No lo iba a desobedecer así que me senté, con cuidado quité mi saco y zapatos, Anthony volvió con un vestido blanco, uno de mis preferidos. -Déjame ayudarte.- Con cuidado me ayudó a desvestir, después deslizó el vestido, con esto estaría más cómoda, me subí por completo a la cama, mientras revisaba mi herida. Según me contó tenía 8 puntadas, lo bueno es que estaban sanando muy bien, me hizo limpieza y cepillo mi cabello con delic

