ya era de día y cómo siempre su madre la rodeó con sus brazos, apretándola contra sí, creando una aliviada sonrisa en el rostro de la chica.su tia Becky, sentada en el suelo, sostuvo fija su mirada en las luces navideñas, esperando que alguna de ellas decidiese parpadear, apagarse, o brillar más que otras. No sucedió.
- ¿Sucede algo, cariño?-la adolescente negó rápidamente con la cabeza, desviando la vista hacia su madre.
- Estoy bien.-Se apresuró a decir. La señora Boysen enarcó ambas cejas, el tipo de gesto que hace una madre cuando sabe que su hijo está mintiendo, y desea que diga la verdad. La pequeña bebé bloqueó un par de veces, incómoda y sin encontrar aún las palabras suficientes para convencer a su mamá de que no había nada de qué preocuparse.
- Fueron demasiadas cosas, mamá-intervino Aina de inmediato, ganando la atención de su pequeña hermana Eina
-Hermosa mariposa-dijo Aina haciendo reir a la pequeña
Pero en ése preciso instante sintió algo extraño, algo malo estaba acercándose a la casa.
La madre lentamente,Pasó cariñosamente una de sus manos entre los negros cabellos de la pequeña bebé, y se alejó de la sala, alegando en voz alta que era hora de servir el chocolate caliente.
"Gracias", se movieron los labios Aina le dedicó una tenue sonrisa y asintió. Ella entendía.
Con la taza cálida entre sus manos, Aina se limitó a sólo observar el árbol. La Navidad era su fecha preferida en todo el año
- Hay Cariño.-La pequeña se habia tirado una taza de porcelana ante el llamado de su padre, y se giró hacia él. Tras los anteojos, Aina pudo ver los pequeños ojos de su padre entrecerrar por un fugaz segundo, para después retomar la indiferencia que tanto le caracterizaba.- Si tienes sueño, termina tu chocolate antes, no has bebido nada.-En silencio, ella asintió y acercó la taza contra sus labios.
La dulce bebida estaba fría, a tan sólo minutos de ser servida.
- Mamá...-llamó, girando la cabeza sobre el hombro para mirar a la mujer que entraba a la sala con una bandeja de galletas-. El chocolate está frío.
- Imposible, cariño, recién lo he servido-respondió, con una sonrisa casi forzada, escondiendo el hecho de que no le gustaba cuando su trabajo en el hogar era juzgado tan a la ligera.
- El mío está perfecto-aclaró el padre de inmediato.
- Está muy bien, mamá. Gracias-Contestó Aina, logrando que la sonrisa de su madre fuera más sincera y orgullosa. La chica dirigió su mirada hacia la pequeña, quien desvió la propia antes de verse atrapado en la preocupación que expresaban los azules ojos de su hermana.
En una semana, habían aprendido que las cosas extrañas no se tomaban a la ligera. Pero Aina creía que ya tenía suficiente de las cosas extrañas. Uno ve a su padre matar a un hombre a golpes y enterrarlo en él jardín de tú casa no es algo qué pasé a la ligera
Ella no sabía cómo los demás vieron algo qué nadie debería ver en sano juicio nunca
- Quiero dormirme—levantándose del lugar que se había hecho en el suelo alfombrado de la sala.
-Dmitry-siseó su madre, más la mirada de seriedad que le dirigió su esposa le hizo callar.
—No son nadie cariño— parecía decir.
- Aina busca un lugar dónde esconderte...-Le grito,su madre haciendo qué Aina gritara
-Mamá tengo miedo, pero quiero qué me abraces Aina, sonriente toco la cabeza de su madre haciendo dormir.
"Realmente han sido demasiadas cosas".
-No ellas no-grito su padre
Rompieron la puerta y entraron unos hombres tomando a Eina y alejando de su familia.
—Mis hombres se divierten con su hija.—habló un hombre.
Su padre se movió.
—¡Ahora si, te veré en él infierno!—gritó disparándole en la cabeza.
Aquél hombre alto de cabello pelinegro la miro sonriendo.
—Elige a ¿tú madre? ¿o hermana.?—intervino uno de ellos
Estába totalmente petrificada. Mirándolos con miedo.
—Bién mueren ambas.
-¡Mamá, Papá !-grito Aina
—¡Aina corre!—siseo su mamá
La puerta estaba abierta y no había nadie afuera. Corrío lo más rápido posible.
-Matenlas- escucho un grito qué ordenó uno de ellos
Ella escucha tres disparos.
—¡No, No!—lloraba desesperadamente.