Si la felicidad pudiera medirse en monedas, Cloe hubiese sido la mujer más rica sobre la faz de la tierra. Si la noche de su cumpleaños había sido una noche soñada, la que había pasado en aquel antiguo edificio le quitaba el primer puesto por lejos. Franz se había mostrado en todas sus facetas, incluso algunas que no conocía. La había escuchado con atención, la había abrazado con ternura, pero la había abordado con pasión a la vez. Ya no sólo le gustaba su cuerpo, su rostro; también encontraba hermosa su compañía. Sus palabras dulces y sus ardientes provocaciones a la hora de exigirle las más lujuriosas posiciones. Se había dejado llevar, pero no sólo durante el sexo. Se había mostrado tal cual era durante toda la noche. Ni siquiera se había molestado en elegir un atuendo especial, enf

