El pequeño automóvil de Pedro casi no llega a destino. Entre los tres habían empacado casi todas sus pertenencias, teniendo en cuenta que no tenían ni idea de cual sería su papel durante el próximo mes en los eventos sociales del Palacio de Vianden. Viajaban a través de la encantadora ruta hacia aquel pequeño país, con las canciones de Taylor Swift sonando a alto volumen y los nervios implorando por manifestarse a través de sus cuerpos. Amaya había bajado la ventanilla delantera y cantaba con profunda desafinación mientras intentaba vencer al viento que se escurría entre sus dedos. Pedro manejaba con sus dos manos en el volante imitando a su amiga unas octavas más bajas y Cloe reía con entusiasmo mientras enfocaba con su cámara una perfecta postal de la fachada del palacio desde su vent

