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1640 Words
Llegaron a un lujoso hotel en el centro de la ciudad, Era el único de esa categoría y si bien Cloe había pasado por su puerta varias veces jamás se le había ocurrido siquiera asomarse. En la planta baja solo una de las puertas laterales estaba abierta, tenía un cartel que anunciaba StadtKeller. Era un restaurante de un diseño conservador, con velas pequeñas en las mesas y si bien estaba abierto, se encontraba completamente vacío. Cloe bajó de la motocicleta y se quitó el cascó al mismo tiempo que lo hacía Franz. Había disfrutado del viaje, con sus ojos cerrados y aquel contacto leve pero continuo. Temía que su mente le estuviera jugando una mala pasada. Era un extraño, si bien había dicho que disfrutaría de la noche de su cumpleaños sin condiciones, no se sentía preparada para el sexo ocasional. Su último encuentro era de meses atrás cuando aún estaba en la universidad y no tenía recuerdos exultantes de aquello. Para borrar esas locas ideas de su mente, le ofreció el casco con una mano y extendió la otra a modo de saludo. -Gracias por traerme hasta acá. - le dijo con un tono de falsa seguridad. Franz la miró y por primera vez en su vida se quedó sin palabras, No quería despedirse. Ni siquiera sabía su nombre. -Podría quedarme a tomar algo con vos.., al menos hasta que llegue tu auto.- le sugirió luego de una larga pausa. -No te preocupes, ya mejoraste el día de mi cumpleaños devolviéndome la temperatura con este espectacular abrigo. No es necesario que hagas nada más.- le dijo mientras comenzaba a quitarselo. -Espera. ¿Es tu cumpleaños?- le preguntó él cambiando su actitud de manera vertiginosa. Guardó los cascos en la motocicleta y volvió a colocarse su gorra gris. -No puedo permitirme dejarte sola en tu cumpleaños. ¡Vamos, hacen un pastel de terciopelo rojo que te va a encantar! - le dijo y tomándola de la mano comenzó a caminar hacia la entrada del hotel. Cloe lo siguió. No lograba entender el porqué de la sonrisa en su rostro, pero decidió no pensarlo más. Iban a compartir un pastel, tampoco la estaba invitando a su habitación. Se sentaron en una mesa junto a la ventana, la luz tenue del lugar y la decoración en madera hacían del ambiente un lugar acogedor. Cloe le devolvió su abrigo y se ubicó enfrente de él. Lo vio acomodarse en su silla y su postura tan estricta le robó una nueva sonrisa. Iba vestido como un joven desprejuiciado pero su forma de hablar, sus movimientos y sus detalles lo hacían parecer alguien mayor. Sin perder la sonrisa volvió a extender su mano sobre la mesa y lo miró a los ojos. -Soy Cloe.- le dijo arrugando un poco la nariz. Franz imitó su sonrisa y acercó su mano para estrechara. -Encantado de conocerte Cloe, soy… Frank.- le dijo finalmente sintiendose bastante mal por aquella pequeña mentira, pero en el fondo temìa que al enterarse de quien era en realidad, toda la espontaneidad se perdería. Oyó unos ruidos detrás de la barra y suplicó que el turno noche estuviera a cargo de alguien que no lo conociera. Pasaba algunas noches del año hospedado con su familia allí y temía que el personal lo recordara, Un adolescente demasiado delgado y alto se acercó intentando mostrar una actitud profesional, pero con expresión de recién levantado. -Bienvenidos ¿Qué se les ofrece? - dijo sin mirar a ninguno de los dos a la cara, toda su energía parecía puesta en no perder el control de sus movimientos. Franz soltó la mano de Cloe, muy a su pesar, ya que aquel breve contacto le sentaba demasiado bien. -Para mi un café por favor.- dijo la joven volviendo a mirar a aquel extraño que por fin tenía un nombre. -Lo mismo para mi y vamos a compartir una porción de Velvet, por favor.- agregó con su vista fija en la mesa. Al ver que el joven no se marchaba, se volvió para mirarlo y sus ojos preocupados le mostraron lo perdido que estaba. -Es la torta roja que está ahi.- le dijo bajando la voz mientras señalaba la vitrina con disimulo. Cloe no pudo encontrarlo más encantador. Lejos de la arrogancia que creyó ver el local bailable, Frank parecía un joven amable y empático. Una vez que el adolescente se marchó ambos volvieron a mirarse sin poder dejar de sonreír. Estaba claro que se gustaban. -Entonces… ‘¿De dónde es ese acento?. Le preguntó Franz con un deseo creciente de conocerlo todo de ella. Cloe sonrió y negó con su cabeza. -¿Tanto se nota?- le preguntó algo decepcionada. Franz arrugó su nariz, se acaba de dar cuenta que no le agradaba decepcionarla. -Creí que luego de 6 años me había logrado camuflar.- continuó ella con un gesto ingenuo que Franz percibió como un nuevo antojo. -Soy de Argentina.- confesó ella, pronunciando el nombre de su país de una manera local. -Sabía que era de Latinoamérica pero no terminaba de descifrar de que parte.- se sinceró Franz con una genuina sonrisa. -¿Conoces?- le preguntó ella intrigada. Justo en ese momento regresó el jovencito con su pedido, dándole una pausa para pensar su respuesta. -Gracias, muy amable.- le dijo al joven mesero y volvió a aquellos ojos tan transparentes. -Creo que fui de chico, pero la verdad no lo recuerdo.- respondió finalmente sin mentirle. -Es muy lindo, yo lo extraño.- dijo ella con nostalgia en su mirada. Franz quiso tomar su mano, pero sabia como controlar sus emociones. Le dio unos segundos y le preguntó: -¿Y por qué no regresas?- Cloe bebió un sorbo de su café y alzó ambas hombros a la vez. -No tengo a dónde regresar.- respondió aún con más tristeza. Franz cerró los ojos con arrepentimiento, estaba perdiendo esa fresca alegría que tanto le había costado conseguir, llevaba un par de minutos sin verla sonreír y eso era lo último que deseaba. -Perdón. No era mi intención entristecerte en la noche de tu cumpleaños. - le dijo con sinceridad y esta vez sí tomó su mano. Cloe miró sus dedos entrelazados y luego volvió a estudiar aquellos ojos tan celestes sin poder evitar que sus labios se curvaron hacia arriba sin separarse.. -Cuando tenía 17 años mis padres tuvieron un accidente, como no tengo hermanos y mis abuelos no vivian, no tuve más opción que mudarme con mi tía. - dijo y al ver la expresión de pena en los ojos de Franz se apresuró a continuar. -No me mal interpretes mi tía es genial. Me recibió con todo el amor que pudo, me consintió en todo y más... creo que aún lo sigue haciendo. Tiene una cafetería desde la que se puede ver el castillo. ¿Lo conoces?- le preguntó intentando salir del lugar de la tristeza. Franz se apresuró a beber un sorbo de su café y se limitó a asentir con su cabeza. No quería mentirle, pero tampoco contarle toda la verdad. -Tiene una vista preciosa y cuando regresé de la universidad acondicionamos el ático y vivo allí desde entonces. - continuó contando, como si aquel extraño de repente no lo fuera tanto. -Pero en verdad luego de seis años no tengo a dónde regresar, supongo que Argentina y cualquiera que de allí provenga me recuerda todo lo que perdí y fue por eso prácticamente perdí conexión con casi todas las personar que conocía. - agregó frunciendo sus labios de manera graciosa -En verdad lo siento mucho.- le dijo Franz clavando sus ojos en los suyos para demostrarle que hablaba en serio, pero al ver que los de ella amenazaban con empañarse cambio la expresión. - Veo que lo tienes todo bien psicoanalizado.- le dijo a modo de broma mientras el mesero les entregaba la porción de pastel. Franz le agradeció nuevamente y cuando Cloe iba a clavar su tenedor en aquella exquisitez, alzó su mano. -Ah, no. Espera un minuto.- le dijo logrando sorprenderla. Tomó una de las velas del centro de la mesa y la sostuvo sobre el pastel. -Pida sus tres deseos, princesa. - le dijo con una voz aún más grave que la atravesó sin previo aviso. Cloe sonrió y cerró sus ojos. -Ah, ah, ah.- volvió a negar Franz. -¿Qué hice mal ahora?- le preguntó ella impaciente. -Tendrias que decirme los deseos para que pueda hacerlos realidad.- le dijo él cambiando la vela, que comenzaba a derretirse, de mano. Cloe emitió una gran carcajada. -¿Y quién dice que podrías hacerlos realidad? ¿Acaso sos una especie de ángel y no me di cuenta?- le respondió llevando sus manos a su rostro para tocarlo a modo de broma, primero, pero deslizando la punta de sus dedos hasta el ángulo inferior de su maxilar con demasiada sensualidad luego. No creyó que aventurarse a tocarlo podía ser tan peligroso pero de repente su cuerpo comenzó a reaccionar con determinación. Franz se quedó inmóvil, como si estuviera disfrutando de algo prohibido. Cerró sus ojos y suspiró para ladear su cabeza y atrapar su mano entre esta y su cuello. -Probame...- le dijo aún con sus ojos cerrados. Cloe no podía creer lo que estaba viviendo. Aquella conversación se había vuelto demasiado íntima y su corazón no hacía más que reclamar que no se detenga. Sin embargo su afán por hacer siempre lo correcto la llevó a retirar sus manos. -No podrías cumplir mis deseos aunque te los dijera en voz alta.- le respondió finalmente y desafiándolo con la mirada enterró su tenedor en aquel delicioso pastel para devorar un trozo y deleitarse con su exquisito sabor. Debía terminar con aquello. ¿ Qué estaba buscando? ¿ Qué esperaba obtener? ¿Cómo iba a lograrlo ahora que lo único que quería era acercarse más?
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