El beso fue intenso desde el inicio. Ambos lo deseaban desde hacía tanto tiempo que no quisieron guardarse ni una gota de entrega. Recorrieron sus bocas mientras sus manos trazaban el contorno de sus cuerpos sin descanso. Franz descubrió con gozo que Cloe no llevaba más que una camiseta de fino algodón debajo de aquel enorme sweater y no dudó en adentrarse con sus manos para volver a hacerse de aquellos pechos turgentes. Oyó un gemido escapar de sus bocas cuando los presionaba con más firmeza y su erección creció en concordancia con el placer que sentía. Se acercó aún más pegando sus cuerpos con devoción. Cloe sintió la presión en su bajo vientre y un calor insistente comenzó a abordarla. Franz la tocaba con una mezcla perfecta de sutileza y desesperación. No abandonaba el beso, pero de

