DIECISIETE El viento primaveral resopló y trajo consigo el frío del mar, aullando entre las paredes y silbando a través de las grietas y esquinas del castillo. El ocasional choque de espuma marina cruzaba los muros para rociarse sobre la multitud ensamblada sin generar comentario o queja alguna. Los hombres, mujeres y niños miraban hacia el estrado de piedra en el lado este del jardín, generando conversación, gestos, especulaciones y risas, además del ocasional ladrido de los perros, para avivar la asamblea. Los dos heraldos subieron a la plataforma, se remojaron los labios y sonaron las trompetas, la multitud guardó total silencio cuando cesó el eco de los instrumentos. —¡Silencio en la presencia del rey! —exigieron los heraldos. La capa gris de Drest se onduló con el viento, los hilo

