VEINTIUNO Melcorka despejó las memorias sombrías de su mente para concentrarse en este nuevo problema. —Bradan y yo somos viejos amigos —dijo Melcorka—. Nos entendemos mutuamente. —Estoy seguro que así es—, dijo Aharn—, pero no deseo llevar el título de cornudo antes de casarnos. —No te estoy engañando con Bradan —Melcorka sintió que la dominó la ira al escuchar esa indicación—. Somos amigos, no amantes —fue incapaz de voltear a ver a Bradan cuando lo dijo. —De todas formas —dijo Aharn—, mis hombres están comenzando a hablar. —Que lo hagan —Melcorka de pronto se volvió imprudente—. Si quieren hablar que vengan y lo hagan en mi cara y yo hablaré directamente con ellos, ¡lo haré con lengua de acero y una respuesta filosa! —miró de reojo a Defensor que yacía entre Bradan y ella. —No ha

