Capítulo 27

1680 Words

VEINTISIETE Lo primero que escucharon fue el soplido de las gaitas. El sonido viajó con la briza, poniéndole los pelos de punta a Melcorka y generando sonrisas en los varios rostros de los albanos. —Son las gaitas —los pies de Mackintosh estaban golpeteando en el suelo en respuesta a la música—. Las grandes gaitas de las tierras altas, y son muchas de ellas. —¿Cuántas son? —preguntó Melcorka. —Por lo menos veinte, quizás más —dijo Mackintosh—. Escucha la música; no es la de un aficionado. Un maestro la dirige —Mackintosh trepó hasta la cima de una pequeña loma y elevó la cabeza—. Podría jurar que se trata de los MacArthur… no, espera, la floritura es demasiado sutil como para que se trate de los MacArthur. Es el mismísimo MacCrimmon, el gaitero de MacLeod de Dunvegan. —¿MacCrimmon? —s

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