Un día antes de mi muerte.

1409 Words
Finjo poner atención a mi jefe, el señor Tomás Jhonson, me da órdenes con la boca llena de comida, es muy desagradable, es grosero y mal educado, es calvo, bajito y regordete, ¿porque un hombre dirige una empresa de cosméticos? Siempre soñé con trabajar en la típica empresa donde el jefe es un hombre alto, guapo y musculoso, y no es que ame a mi esposo, pero soy fanática de las historias románticas donde todas tienen un jefe por el cual suspiran, lo único que amo de mi trabajo es la cantidad de muestras gratis que obtengo de maquillaje y cosméticos, siempre soy la primera en tener las nuevas colecciones. — ¿Entendió señorita Foster? La voz de mi jefe me hizo volver a la realidad. — Si, señor, tendré todo listo, compermiso. — Salí de su oficina y solté un suspiro de alivio apenas cerré la puerta, fui a mi escritorio y comencé a trabajar en la lista de tareas que me dió, tecleo ágilmente en mi computadora, lo más rápido posible, no quisiera tener que quedarme después de mi horario de salida. — Hola querida. — Me saluda Mikel, dándome dos besos en las mejillas, Mikel es mi amigo, trabaja en laboratorio, nos conocimos cuando entre a trabajar a la empresa, es alto delgado, moreno y con unos ojos de color verde que resaltan, pero sobre todo es gay, y no se molesta en ocultarlo, eso me encanta de el, vive libre su vida, disfruta cada momento. — Hola guapo, ¿que necesitas?. — Ver al odioso de tu jefe, tengo las muestras de la próxima colección, está todo listo para que marketing hasta su trabajo. — Mikel odia a mi jefe, dice que es un promiscuo que me echa miradas morbosas cuando le doy la espalda. — ¿Es para mí? — Pregunto con ojos de chorrito al ver que sostiene una bolsa extra con la Nueva colección. — Claro cariño, pero está vez, te va a costar. — Acerca la bolsa y la aleja justo cuando la voy a tomar, le hago un falso puchero. — Tu, amigo vas a hacer que me despidan. — No exageres, toma. — Coloca la bolsa frente a mi. — Necesito el número del chico que vino a la reunión el jueves pasado. — Mueve sus pestañas. — ¿El rubio de insumos? — Pregunto mientras continuo tecleando. — Exacto, ese mismo, tu si que conoces mis gustos. — Veré que puedo hacer, ahora pasa, que mi jefe no debe tardar en irse, sabes lo puntual que es a la hora de salida. Veo a mi jefe salir de su oficina seguido de Mikel, le extiendo en papel que toma disimuladamente y me guiña un ojo, sonrió ante su coquetería, el y mi amiga Lori, la recepcionista hace mis días muchos fáciles en este lugar, el lugar comienza a vaciarse y yo junto con ellos me dispongo a retirarme, me aseguro de guardar bien todos los documentos, apagó mi computadora, tomo mi bolso y me aseguro de que mis llaves, teléfono y cartera estén dentro, salgo como alma que lleva el diablo, deseo llegar a mi casa y darme una ducha con agua tibia. Subo a mi auto y enciendo la radio, con la música a todo volumen conduzco por las transitadas calles de Miami, después de unos cuarenta minutos llegó a casa, el auto de Aarón está estacionado en el mismo lugar de siempre, creo que llego temprano del trabajo. Entro a casa y lo primero que percibo es el olor a comida. — Hola, ya llegué. — Aviso con un grito desde la puerta, mientras dejo las las llaves y mi bolso en el perchero junto a la puerta. — Hola, cariño. — Me saluda Aaron, está junto a la estufa moviendo un sartén con habilidad. Aaron es bastante bueno para la cocina, para todo en realidad, es alto, delgado, cabello rizado y rubio, con ojos color miel, labios delgados y tiene una pequeña barba rubia, que se torna casi transparente con la luz del sol. Rodeo la mesa y me acerco a sale un beso corto en los labios. — Huele delicioso ¿que preparas? — Pasta puttanesca, ¿que tal tu día? — Que rico. — Aspire el aroma.— cansado, aburrido y sigo teniendo el mismo jefe, ¿a ti como te fue? llegaste temprano. — Bueno quería prepararte algo especial. — Estoy segura que no olvide nuestro aniversario.— Bromeó. — ¿Tal vez deberías revisar otra vez. — Respondió en tono serio. Mi mente volo por unos segundos hasta que me di cuenta de que estaba bromeando. — Andas bromista hoy, me daré una ducha rápida y prometo ayudarte con lo que necesites o puedes acompañarme. — Dije con coquetería mientras mordia mi labio inferior. — Claro cariño, ve. — Dijo a secas y sin despegar la vista de la comía. Después de ser ignorada sexualmente por mi esposo, recogí mi dignidad y fui directo a la ducha, deje caer mi ropa al piso y entre en la tienda, el agua tibia y la espuma envolvieron mi cuerpo, me relaje al instante, recargue la cabeza y cerré los ojos. Araceli Di un brinco dentro de la bañera, tenía la sensación de que alguien me llamaba por mi nombre mientras caía en un gran hoyo n***o que parecía no tener fin, una especie de calor comenzó a recorrer mi cuerpo quedándose justo en mi entrepierna, estaba exitada y deseosa, baje mi mano y comencé a tocarme aún dentro del agua, buscando mi propio placer y liberación, mordí mis labios para ocultar mis gemidos, mientras mis dedos se movían entre mis v****a, masajeaba mi clítoris para después introducir un dedo, lleve mi otra mano hasta uno de mis pechos y lo acaricie con fuerza, mis movimientos eran cada vez más rápidos sobre mi ya inflamado clítoris, cerre los ojos y sin darme cuenta me estaba masturbando con la imagen borrosa de un hombre que no conocía, tal vez de algún sueño, mi cuerpo se contrajo cuando el orgasmo explotó dentro de mi, mi respiración comenzó a normalizarse, mi cuerpo estaba completamente relajado. Salí de la tina y me envolví en una toalla blanca, seque mi cuerpo y mi cabello y me puse únicamente una bata de seda roja, peine mi cabello y fui hasta la cocina. — Estaba por ir a buscarte. — Comentó Aaron al verme entrar en la cocina. — Puedo regresar a la habitación si eso te parece mejor. — Le guiñe un ojo. — Ven, toma asiento, come antes de que se enfríe. Otra vez ignorando mis coqueteos, ¿que le sucede hoy? Fue hasta el refrigerador y saco una botella de vino, claramente no estaba ahí antes, odia el vino, y las pocas veces que lo compra es para ocasiones especiales. — ¿Que estamos festejando? — Pregunte curiosa. — Que tengo la mejor esposa. Sonreí ante su halago y chocamos nuestras copas. — Cariño esto está delicioso. — Dije después del primer bocado. Devoramos la comida en cuestión de minutos, levanté los platos de la mesa y los dejé en el fregadero. — ¿Te parece si ahora soy yo quien se encarga del postre? Decidida a tener una gran noche de sexo, insisto con mis coqueteos, rodee la mesa y me senté en sus piernas, le di un corto beso y mordí su labio inferior. — Lo siento cariño, estoy cansado y creo que comí demasiado. — Tomo mis manos para alejarlas de su rostro. Incapaz de controlarme un segundo más estalle. — ¿Me puedes decir que te pasa? desde que llegué estás evitandome, preparas una linda cena pero te niegas a tener sexo conmigo. Su gesto fue de total terror. — Cariño, no se a que te refieres, solo estoy cansado. — Bien pues duerme entonces. Camine a la habitación a prisa, tomé almohada y cobija y las puse sobre el sillón, sin decir nada, el mensaje era bastante claro. Regrese a la habitación y me tiré sobre la cama, me cubrí con la sabana e intente dormir, tenía un dolor en la entrepierna, lo que un hombre describiría cómo dolor de huevos. Mis sentimientos contradictorios no me dejaban dormir, por un lado estaba molesta por su evidente rechazo y que tuviera el descaro de negarlo y por otra, mi lado sensible no podía evitar sentirse mal y pensar que tal vez estaba exagerando.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD