¿Que podría pasar? *** Fue increíble el repentino cambio de actitud, tanto que me sorprendió. No sabía si era bueno o malo. Me quite los guantes e hinque los codos sobre las rodillas. —Esta bien —acepte resignada. —Yo dormiré en el sillón, tu duerme en la cama—. Se oía más a un decreto que a un consejo amable. Pero eso no me parecía muy conveniente, él no estaba bien. —Seria mejor que tú duermas en la cama, estar herido y dormir en el sofá te hará peor—. Su expresión apática lo decía todo—. Yo dormiré en el sillón —le señale. Solo resoplo y nego con la cabeza. —Tu también estás herida —en eso tenía razón, pero sus heridas eran más intensas que las mías. —No lo dejaré dormir en el sillón—, me levanté y lleve el botiquín a la habitación. —Entonces, ¿Que espera? ¿Que durmamos ambos en

