Tigre blanco.

3652 Words
Sug-Zhao toco la puerta del monasterio luego de 15 años, la última vez que había acudido a aquel lugar, fue el día que su esposa legitima Suki, había fallecido, aun recordaba el golpe que dio a esa puerta de madera maciza y pesada, ahora un poco desgastada con el paso de los años, estaba molesto, más que eso, Sug-Zhao estaba furioso aquel día con las premoniciones de los monjes. — Señor Zhao, es un gusto verlo aquí una vez más. — el anciano dio un asentamiento de cabeza y el líder del tigre blanco solo lo vio con seriedad, aun guardaba un sabor amargo en su boca de aquella última vez, aun así, comenzó a seguir al mayor por los intrincados pasillos del monasterio. — No pareces sorprendido por mi presencia, aun luego de tantos años. — se limitó a responder, quien aún poseía el poder para hacer desaparecer a quien quisiera. — No estoy sorprendido señor Zhao, sabía que este día llegaría, recuerde lo que le dije aquella vez, el destino está escrito, nada pasa por casualidad. — Sug- Zhao apretó los dientes, conteniendo las ganas de matar a ese monje, sabía que incluso para alguien como él, eso estaba prohibido. — No vine a discutir del pasado, he venido a preguntar del futuro. — rebatió incomodo, pues había jurado que nunca regresaría a aquel lugar y el monje le advirtió que no hiciera promesas que no cumpliría, pues regresaría, un día lo haría, y ese día había llegado. — Lo sé, quieres saber el nuevo destino del tigre blanco. El anciano, señalo una mesa en el centro de una habitación, en sus cuatro puntas habían una especie de polvo quemándose poco a poco, esparciendo un aroma delicioso, tranquilizador e incluso se atrevería a decir, purificador para el alma ya tan agotada de Sug-Zhao; en el centro de la mesa había un círculo con diferentes escritos, tan antiguos que incluso Sug-Zhao desconocía su significado, no habían silla, ya que la mesa era baja y solo se podía llegar a ella sentándose en el piso, sobre un cómodo almohadón, y así lo hizo, uno de los hombres más temidos de Pais X tomo su lugar frente al más anciano de los mojes, quien no solo guiaba al tigre blanco, también señalaba el camino del dragón rojo, el otro clan que manejaba Pais X, y a quien no hacía mucho le acababa de mostrar su no muy lejano futuro, ese que marcaba el principio del fin. — Tu hijo tiene voluntad, pero también deseos que van más allá de lo que él puede dominar, si, esta tan claro como el agua, Han Shun Ming, ha visto brillar un sol único, sus rayos dorados y hermosa sonrisa lo han encandilado, despertando en él su oscuridad… esto no es bueno viejo amigo, tu hijo no sabe manejar el rechazo, quiere eclipsar ese hermoso sol, sin saber que lo custodia la misma oscuridad, Ángeles caídos del cielo, pero también demonios surgidos del infierno, sobrevivientes que no tienen nada que perder y todo por ganar… lo lamento, pero el destino está escrito, el dragón rojo encontrara si fin por las fauces de un caimán, y desde ese momento nada volverá a ser lo mismo. El monje suspiro con pesar, nunca era grato darle malas noticias a un clan, su viejo amigo Ming, antiguo líder del dragón rojo, salió del monasterio tan furioso como lo hizo Sug-Zhao 15 años atrás, con la diferencia que este monje sabía que el viejo Ming, ya no regresaría jamás, pues también había visto su fin, en manos de su propio hijo, Han Shun Ming, lo PROHIBIDO no siempre era suficiente para detener a las personas y el monje lo sabía muy bien. — Pensé que con lo que reciben de nuestra contribución anual, este monasterio al menos tendría muebles nuevos. — dijo Sug- Zhao, mientras tomaba asiento, seguido del monje. — Las contribuciones son de utilidad, para ayudar a los ciudadanos y lo sabes, las cosas que aquí habitan… permanecerán aquí aun cuando nosotros no estemos. — Si las termitas no acaban con ellas antes. — rebatió viendo los surcos que los años habían dejado sobre la madera oscura de aquella mesa que parecía tan insignificante ante los ojos de los mortales. — No lo hará Sug, ni las termitas, ni ninguna otra cosa, esta mesa fue creada de la madera que sobrevivió al fuego del Fénix, Nuriel no pudo acabar con ella, nadie puede. — Sug-Zhao solo respiro profundo, los mitos y leyendas se mezclaban en aquel monasterio, y el aire del lugar no ayudaba al mafioso a permanecer incrédulo ante ellos. — Sí, lo que sea, solo quiero saber… — Sabrás lo que ellos quieran que sepas, ni más, ni menos. — el monje ya no parecía anciano, sus ojos brillaban guardando alguna especia de poder o don que para el mafioso eran incomprensible. — Ikigaí, tú que representas el camino que cada ser realiza para descubrirse, tú que conoces el futuro de cada alma, permíteme tener un destello del destino del próximo tigre blanco. Sug—Zhao no pudo evitar maravillarse una vez más, como había sucedido años atrás, cuando de aquella insignificante mesa, o mejor dicho de los garabatos que esta poseía, comenzó a brotar agua, tan cristalina, como del mejor manantial virgen que pudiera existir en la faz de la tierra. — Sí, ya veo. — informo el monje, pero sus ojos estaban cerrados y solo sus manos se movían sobre aquel estanque en el que se había convertido la pequeña mesa. — El nuevo tigre blanco será muy justo, considerado, con un temple único, pero… solo si la consigue a ella… la mujer Jade, si… ella será su fortaleza, su audacia, su estrella y su sol, pero sufrirá… la mujer Jade llorara lágrimas de sangre y la oscuridad la tratara de alejar del tigre blanco, pero solo conseguirán despertar su furia y aquellos que lo subestiman le temerán más que a la muerte, el poder de la venganza emergerá en un rugido tan grande, que no solo Pais X lo escuchara… el tigre blanco sufrirá, y el verde…ese verde jade lo guiara, será su faro, su ancla… — el anciano abrió sus ojos de repente, ocasionando que Sug-Zhao diera un pequeño brinco, ya que se había perdido en cada palabra que el moje decía. — El día se acerca, te lo advertí hace 15 años y hoy te lo repito, la flor de cerezo que tanto adoras te traicionara. — Sug-Zhao dio un golpe en la mesa de pura furia y frustración, y el agua que en ella había se transformó en llamas. — Pero algo cambio desde entonces. — informo el monje, quien veía con asombro las llamas del fénix hacer presencia en su monasterio, una vez más, como ciento de años atrás, algo estaba cambiando, algo que estaba lejos del entendimiento humano, y más cerca de lo sobre natural. — La flor de cerezo perecerá, lo que tú no has querido ver, el nuevo tigre blanco lo vera, el jade brillara en tu hogar y purificara a quien deba ser purificado y hará arder a cada flor venenosa que quiera opacar su brillo. Sug-Zhao abrió la puerta de su hogar, dentro, Sakura lo esperaba ansiosa para recibir los besos y caricias de su esposo, pero en esta ocasión, como hace 15 años atrás, Sug-Zhao esquivo a su ex concubina y ahora esposa y se encerró a beber en su despacho, negándose a creer que Sakura, su flor de cerezo, fuera quien causaría su muerte. Jade regreso al hogar que compartía con Javier, quien no solo tenía los ojos hinchados por haber llorado gran parte de la noche, sus ojos estaban casi cerrados de lo hinchado que estaban porque en la madrugada había recibido la visita de unos hombres asiáticos, empleados leales de Wang, solo fue un aviso, un recordatorio de que solo le quedaba un día para conseguir su dinero. — Creí que me habías abandonado. — murmuro el rubio y Jade solo continúo curando sus heridas. — Deberías hacerlo… yo lo hubiera hecho. — reconoció con vergüenza. — Deja de decir estupideces. — contradijo la joven, pero Javier le detuvo la mano, para que dejara de curarlo y lo observara. — Es la verdad, Jade, soy un cobarde, soy escoria, sabía muy bien que no te merecía, y solo decidí estar contigo, por miedo a que me dejaras, que conocieras a alguien en la universidad y te olvidaras de mí, eras mi mejor amiga, mi única amiga y arruine todo, si Isaías estuviera vivo, me mataría, vete, escapa porque si estás aquí cuando Wang venga por mi vida, también tomara la tuya. — ese era el Javier del quien ella se había enamorado y ese era el verdadero hombre que habitaba en el alma del rubio, uno que muy pocas veces hacia presencia, pero que luchaba por surgir. — No te dejare, uno no abandona a los amigos, no te dejare ricitos de oro, esto aún no se termina. Javier la vio salir una vez más, maravillado, como siempre lo dejaba la rubia, ella no se daba por vencida, y el joven se preguntaba a quien había heredado esa fuerza de voluntad que poseía Jade, seguro que a Magnolia no, esa forma de ser tan filial, y luchadora, tan altiva, solo podía ser de su padre biológico se dijo el rubio. La joven no tardó mucho en llegar a la empresa que el respetado y afamado Derek Bach dirigía en Chicago, solo se preguntaba ¿Cómo haría para hablar con alguien como él? Y la respuesta le llego en forma de murmullo, al pasar cerca de dos custodios que estaban disfrutando de su descanso a un lado del edificio, mientras fumaban unos cigarrillos. — El jefe está loco por recibir noticias de Rosita, pero parece que su primo ya descubrió que su interés no es solo por el bienestar de la familia. — Ni lo digas, aun no puedo creer que Derek Bach se enamorara de la mujer de su primo. Jade no tuvo tiempo para juzgar a “su padre”, enamorarse de la mujer de su primo no sonaba lindo, pero al menos tenía algo para llegar a él. — Disculpe, señorita, no puede ingresar a este sector. — un hombre corpulento detuvo su caminar apresurado, por casualidad, había llegado hasta el último piso del edificio sin ser vista, pero ahora que estaba a solo metros de la oficina de quien se suponía era su padre, la habían atrapado. — Necesito hablar con el señor Derek Bach, es de suma importancia. — Sí, seguro, como todos los que llegan aquí. — Jade vio la manera despectiva con la que el custodio la recorría de pies a cabeza y se maldijo por no tomarse un tiempo para arreglarse un poco, era obvio por su ropa y falta de maquillaje que ella no tenía nada que estar haciendo allí. — Tengo un mensaje de Rosita para él. — se atrevió a decir, el nombre Rosita se le hacía común y corriente, por lo que, si la joven era ordinaria, y no alguien adinerado, era lógico que ellas se conocieran y por la expresión del custodio supo que había dado en el clavo. — Dígame… — Disculpe, pero no, ella fue muy específica, solo puedo hablar con Derek. — ni ella sabía de donde sacaba la seguridad de sus palabras, pero así era, no se sentía intimidada por el lujo de aquel edificio, ni porque pronto estaría frente a su supuesto padre, que por cierto era una persona sumamente poderosa, no lo podía creer, pero suponía que su padre era una persona tan decidida como ella cuando se proponía algo. — Bien, espera aquí, la anunciare, ¿Cómo se llama? — Jade, Jade Renger. La joven trataba de ordenar su mente, aún no había pensado que le diría, o como reaccionaria su supuesto padre. En pocos segundo se vio siendo arrastrada por el custodio, quien por poco no la lanzo dentro de la oficina de Derek, quien no se veía nada bien. — ¿Qué sucede con Rosita? ¿Qué le hizo Vincent? ¿Por qué no responde mis llamadas? — Jade se vio sorprendida por un hombre de unos cuarenta y pocos años, que la tomo de los brazos e incluso la zarandeó un poco, como si con aquello pudiera hacerla hablar más rápido. — No lo se. — murmuro sintiéndose mal por haber engañado tanto al guardia como por haber ilusionado a Derek, se notaba que estaba loco por esa tal Rosita. — ¿Qué? — los verdes ojos de Derek se endurecieron, dejaron de parecer un lago tormentoso a adquirir una dureza similar a las esmeraldas. — Tu. — dijo luego de dar dos pasos atrás, ahora viendo detenidamente el rostro de la joven, no le fue difícil recordarla, había soñado con ella y aun se preguntaba por qué, no sentía atracción al verla, era otra cosa. — ¿Me estas siguiendo? ¿acaso estás involucrada con la banda que ayudo a la sombra a secuestrar a Victoria Zabet? — Jade retrocedió ante la mirada iracunda del mayor, ¿Dónde me metí? Se pregunto con desespero. —No sé de qué secuestro habla, solo mentí porque necesito hablar con usted. — rebatió con apuro, tratando de comprender a que se refería con que, si lo estaba siguiendo, Jade solo recordaba de aquel día, la muerte de Isaías y nada más. — Soy su hija. — Derek levanto una ceja, viéndola aun con más dureza que antes, era sabido por toda su familia el anhelo que durante años había torturado al mayor, su deseo de ser padre lo había sumido en una gran depresión de la cual solo Rosita lo había sacado. — Largo de aquí antes que te envié a prisión… — Le estoy diciendo la verdad, soy su hija, por lo menos eso me dijo mi madre, Magnolia, Magnolia Renger, bueno su apellido de soltera era Adel, por favor debe creerme, no le estoy mintiendo. — el desesperó en la joven era claro y Derek se tomó unos segundos para verla bien, sus ojos parecían dos Jades que brillaban con suplica, su tez era blanca, crema, para ser más precisos, sus labios eran carnosos, podía ver cierto parecido entre ellos, pero eso no significaba nada, bien podía ser una oportunista, como tantas que pasaron por su oficina, aunque en algunos casos la duda era razonable ya que si se había acostado con muchas mujeres en su juventud. — No me suena el nombre de tu madre. — reconoció con pesar y culpándose por ser demasiado fogoso de joven y muy estúpido al no usar protección en más de una ocasión. — Pero nos parecemos un poco. — continuo al ver el rostro triste de la rubia, de pronto esa joven se le hacía interesante, había soñado con ella luego de verla aquel día, y algo dentro de él crecía sin permiso, ilusión, tontamente creyendo que al fin alguien lo llamaría papá. — Sí, supongo que es así, vera no sé cómo explicar esto, pero si estoy aquí no es porque quiera que me reconozca como hija, no quiero estropear su vida, ni complicarla de ninguna manera, yo ya tengo padre, el que me crio, solo queria saber si puede… prestarme dinero. — estaba tan aturdida con todo lo que pasaba en su vida que no vio el brillo de ilusión en los ojos de Derek cuando le informo de que poseían cierto parecido, pero ahora si vio la furia con la que la veía. — Si ya tienes padre, pídele a él que te ayude. — rebatió molesto al tiempo que caminaba a la puerta para echar a la joven de su oficina. — Claro que lo haría y él me ayudaría, pero murió… — No me interesa. — la corto a mitad de su explicación y ahora sí, abriendo la puerta de la oficina. — No eres mi hija, quien lleve mi sangre jamás se rebajaría a mendigar o dar pena por un poco de dinero, los Bach nos distinguimos por nuestro orgullo y tu careces de eso. — Jade sintió su sangre hervir en un segundo, podría no ser una Bach, podría ser que su madre le mintiera o que simplemente su verdadero padre era un idiota, fuera lo que fuera, nunca se dejó humillar por nadie, bueno, si lo hizo por Magnolia, pero todo fue por su padre Isaías y fue allí donde la joven recordó lo que Magnolia le dijo la noche anterior, cuando conozcas a tu padre me agradecerás porque fue Isaías quien te crio, era la primera vez en la vida que Magnolia tenía razón. — Definitivamente me equivoque. — informo parada en el umbral de la oficina y viéndolo a los ojos, tan iguales a los de ella. — Un ser tan estúpido como usted no puede ser mi padre. — la mano de Derek se levantó por si sola y solo se detuvo cuando abofeteo la mejilla de Jade, el golpe no fue suave, ya que la joven retrocedió unos pasos, descubriendo que Derek Bach no solo la había golpeado, sino que también había roto su labio. — Yo… — Derek no encontraba su voz, no solo sus custodio estaba sorprendidos por lo que su jefe había hecho, él mismo no lo podía creer, jamás había golpeado a una mujer, le hubiera gustado justificar su accionar al estrés que cargaba por el intento de secuestro de Rosita o a la ausencia de noticias de esta luego de que rompiera con su primo Vincent, pero no podía hacerlo, porque no era cierto, la bofetada que le dio al la joven fue por el dolor que su mirada de desprecio le causo. — Tu… acabas de cometer tu peor error, no seré una Bach señor Derek, pero créame cuando le digo que esta humillación me la pagará algún día, se arrepentirá, lo juro. Jade salió del edificio, su orgullo estaba herido, su corazón ardía en las llamas de la desolación, cansancio, pero sobre todo el rechazo, si Magnolia tenía razón, y ese era su padre, estaba claro que no la queria, regreso a la casa de Javier, con una única certeza, el único ser que la había amado fue Isaías. Park se preparó mentalmente para engañar a su hermano, ocultar la culpa y la vergüenza de los ojos de Loan era muy difícil, en especial porque su hermano mayor lo conocía mejor que su propia madre, pero las ordenes de su padre eran claras. — ¡Loan! ¡Loan! — ingreso gritando a la oficina del mayor, quien lo vio con preocupación y acto seguido fue a su lado. — ¿Qué sucede Park? ¿Cómo entras de esa forma? — tenía una orden que seguir y la cumpliría, aunque esta fuera engañar a su hermano, un engaño que lo beneficiaria, pues Park sabía que si Wang asumía como jefe de la organización no solo acabaría con él, Loan también estaba en su lista de enemigos del mayor de todos, quizás no lo mataría, pero sin lugar a duda no lo dejaría vivir en paz. — Es padre… es nuestro padre. — Park Habla de una maldita vez. — Loan era leal, y muy sentimental con su familia, quizás el hecho de ver morir a su madre tenía mucho que ver, pero esa misma sensibilidad era lo que para muchos lo convertían en una persona débil. — Está mal, muy mal, un infarto dijo el médico… Loan debemos regresar. — la desesperación que se reflejaba en sus ojos por el pedido de su padre, Loan la confundió con temor a que Sug muriera sin ver a sus hijos por última vez. — No te preocupes Park, regresaremos y veras por ti mismo que padre se recuperara. Park lo siguió con la cabeza gacha, demasiado avergonzado como para poder ver el rostro de su hermano que lo único que hacía además de dar órdenes a todos de como dirigir la empresa en su ausencia, también se encargó de que el avión privado estuviera listo para ellos y Wang, además de “consolar” al pequeño Park. — Quita esa cara hermanito, apenas llegue el idiota de Wang partiremos. — Park levanto su cabeza y le dio una pequeña sonrisa, era lo mínimo que podía hacer. — ¿Y ahora qué? — se quejó Loan al ver llegar a Wang con una joven en sus brazos. — ¿Ya está todo listo? — interrogó el mayor como si sus hermanos fueran empleados. — ¿Quién es? — indago Park, ya que Loan estaba en silencio, como si en lugar de ver a una mujer desmayada y golpeada, estuviera observando un fantasma. — Será mi concubina, la acabo de ganar, y solo me costó un millón. — informo el mayor dejando ver su sonrisa más sádica, para luego subir al avión privado de la familia Zhao. — Qué barbaridad, aun no se casa y ya escogió concubina. — se quejó con desprecio Park. — Park. — susurro Loan y el menor lo vio con curiosidad. — Tienes 27 horas, para averiguar todo de esa joven, como se llama, donde vive, quien es su familia y sobre todo como llego a manos de Wang, ¿lo comprendes? Antes que pongamos un pie en Pais X quiero saber todo de ella. — Bien, hare lo mejor que pueda, pero… ¿Por qué? — Porque ella me salvo, es la americana del puente, la mesera, y pienso regresarle el favor, la salvare de Wang, cueste lo que cueste, cambiare su destino de ser preciso. Park sintió el frio que la mirada de su hermano desprendía, jamás lo había visto de esa forma, se veía peligroso, aún más que Wang, parecía la mirada de un tigre a punto de atacar.
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