La mañana del lunes se podía cortar con un cuchillo la tensión que había en la oficina, los cambios que Alan había propuesto para cambiar acciones de la bolsa española por otras de diferentes bolsas europeas tenía en tensión a todos, hasta a Rosa la recepcionista y Armando, que como no tenía nada que hacer deambulaba arriba y abajo haciendo comentarios que ponían más de los nervios a Pepi y Luisa, que eran quienes tenían que comprarlas según las ordenes de Alan, iban a estar junto a ellas Patricia y él para supervisar y confirmar que todo se hacía correctamente. Alan miraba el ambiente desde su despacho con una risilla guasona, se cachondeaba viendo las caras de sus compañeros, faltaban cinco minutos para que se abrieran los mercados, Patricia, Luisa y Pepi hablaban entre ellas de pie sin

