La vida seguía para todos, Alan con su trabajo, las visitas de Quique, la relación de amistad con Patricia, las cenas de amigos. Lara y Abelardo viéndose cada día, cenando juntos y pegando unos Alanvos que cada vez eran más espectaculares, los fines de semana los pasaban en la cabaña, ella había conseguido darle un toque más femenino a la casita y Abelardo, Abe como lo llamaba ella, estaba encantado con eso. A la segunda semana de ir juntos Abelardo les confesó en la cena de los jueves a los amigos que se había enamorado de Lara, el comentario de Javier no le sentó muy bien. —No había otra para hacerlo, porque mira que llega a ser rara esa tía. —Javier, te aprecio mucho, pero no vuelvas a hacer un comentario así de Lara, no me gustaría acabar mal contigo.— Se hizo un silencio en la mesa,

